jueves, 12 de junio de 2014

El alto costo de los fármacos enciende las alarmas


Dinero en Imagen , Excelsior, México,11 de junio de 2014 The Economist Última actualización 11 / Junio / 2014 


 Un medicamento para melanoma de Bristol-Myers Squibb cuesta casi 120 mil dólares durante el curso del tratamiento. Igual ocurre con los indicados para la hepatitis C, que pueden llegar a costar 84 mil dólares si son del laboratorio Gilead


El gasto de Estados Unidos en medicinas en 2012 fue de 328 mil millones de dólares, más de un tercio de las ventas de medicamentos mundiales y más del doble del gasto de Francia, Alemania, Italia, España y el Reino Unido combinados, para una población de aproximadamente el mismo tamaño. Foto: AFP

Ejecutivos de compañías farmacéuticas, analistas de inversión, médicos y académicos acudieron en masa a Chicago hace unos días para la mayor conferencia sobre cáncer del año. Los tratamientos para este mal representan más de 30 por ciento de la investigación en primera etapa de las empresas farmacéuticas y están siendo revolucionados.

Esto pudiera parecer una buena noticia. Para el doctor Steve Miller, sin embargo, la conferencia también fue alarmante.“Estamos muy preocupados por muchos de los diferentes productos que fueron presentados este fin de semana”, dice.

Su causa de preocupación es el precio. Miller es el director médico de Express Scripts, el mayor administrador de ganancias farmacológicas de Estados Unidos, contratado por aseguradoras y empleadores para controlar los costos de medicamentos para los pacientes que cubren.

En Estados Unidos, un medicamento para melanoma, fabricado por Bristol-Myers Squibb, cuesta casi 120 mil dólares durante el curso del tratamiento, pero eso no es todo. Un medicamento de 84 mil dólares para la hepatitis C, vendido por Gilead, otra empresa estadunidense, ha causado indignación entre políticos y aseguradoras. El pasado 28 de mayo, el medicamento inspiró a una coalición que incluye a médicos y sindicalistas a lanzar una campaña contra los precios “insostenibles y abusivos”. Para las compañías farmacéuticas, esto despierta a un espectro horrible: Estados Unidos podría, finalmente, empezar a actuar como el resto del mundo.

Los países europeos desde hace tiempo han escudriñado los precios de los medicamentos, una práctica que se ha intensificado últimamente. Alemania, por ejemplo, tiene una nueva manera de juzgar los costos y beneficios de las medicinas. Los sistemas de salud nacionales usan su influencia para obtener grandes descuentos. Los precios de los medicamentos contra el cáncer son entre 20 y 40 por ciento más bajos en los países europeos que en Estados Unidos, según IMS Health, una firma de datos y consultoría.

Los mercados emergentes ofrecen un respiro limitado. El gasto en medicamentos está aumentando ahí, pero muchos gobiernos se quejan de los precios de las compañías. India ha rechazado solicitudes de patentes de medicamentos o las ha debilitado para que empresas locales puedan producir copias más baratas.

ParaÍso para las farmacéuticas

En comparación, Estados Unidos ha sido un paraíso para el fabricante de medicamentos. No tiene un servicio de salud universal y nacionalizado. Para la mayoría de los estadunidenses que tienen seguro privado, las compañías farmacéuticas negocian separadamente con varios administradores de beneficios y aseguradoras. El gobierno paga los medicamentos para los ancianos y los pobres, pero incluso la sugerencia de que pudiera considerar el costo de un tratamiento provoca histeria acerca de un racionamiento.

Las reformas de salud del presidente Barack Obama crearon un grupo para comparar los beneficios de los medicamentos, pero tiene explícitamente prohibido aplicar un estándar de efectividad de costo, como se hace en Gran Bretaña.

Dado todo esto, así como el tamaño de Estados Unidos, poco sorprende que el país sea un imán para los fabricantes de medicinas. Su gasto de 328 mil millones de dólares en 2012 fue más de un tercio de las ventas de medicamentos mundiales y más del doble del gasto de Francia, Alemania, Italia, España y el Reino Unido combinados, para una población de aproximadamente el mismo tamaño. John Castellani, de Phrma, un gigantesco cabildero farmacéutico, argumenta que los precios estadunidenses subsidian la innovación que beneficia a los pacientes en otras partes. En realidad, Gilead está negociando precios más bajos para su medicamento para la hepatitis C, Sovaldi, en países pobres. Al permitir esos precios, supone Gilead, obtendrá más altos en Estados Unidos.

Sovaldi, incosteable para algunos

Sin embargo, quienes pagan la factura están cada vez más inquietos. Aunque los medicamentos para algunas enfermedades están perdiendo sus patentes y por tanto volviéndose más baratos, los costosos nuevos tratamientos para otros incrementarán en gran medida la cantidad gastada en esas enfermedades. Sovaldi está en un “momento crítico”, dice Miller. Hasta la fecha, los medicamentos más extremadamente costosos han sido para grupos pequeños de pacientes, como aquellos con una rara enfermedad genética. En comparación, se estima que 3.2 millones de estadounidenses tienen hepatitis C. Si a cada uno se le diera Sovaldi a los precios actuales, el costo excedería los 250 mil millones de dólares.

“Decir que Sovaldi tiene un valor bajo no es muy preciso”, refunfuña Gregg Alton, ejecutivo de Gilead.

Después de 12 semanas, señala, los pacientes están esencialmente curados. Evitarán el sufrimiento y los costos de la hepatitis C, como los trasplantes de hígado. Brian Solow de Optum Rx, una administradora de beneficios propiedad de United Health, la mayor aseguradora de Estados Unidos, responde que un nuevo medicamento para el Alzheimer también transformaría el tratamiento; pero, como unos cinco millones de estadunidenses tienen la enfermedad, es dudoso que las aseguradoras pudieran permitirse un precio alto.

El alboroto en torno a Sovaldi sugiere que los medicamentos a partir de ahora enfrentarán un estándar más alto. Si las aseguradoras se niegan a pagar por medicamentos altamente efectivos, probablemente rechazarán los mediocres, como los fármacos para el cáncer que extienden la vida unas semanas.

Opciones para los estadunidenses

Las administradoras de beneficios y las aseguradoras ya están probando nuevas formas de guiar a los estadunidenses hacia medicamentos más baratos. Express Scripts está alentando a médicos y pacientes, “cuando es clínicamente apropiado”, a esperar un año hasta que rivales de Sovaldi salgan al mercado. United Health está pagando a algunos médicos un precio tope para el tratamiento del cáncer para desalentarlos de prescribir medicamentos que aporten poco beneficio. Wellpoint, otra aseguradora, empezará en breve a pagar bonificaciones a médicos que prescriban fármacos para el cáncer recomendados por la aseguradora.

Esas acciones son menores comparadas con los controles de costos vistos en Europa. Sin embargo, el mercado de Estados Unidos es tan vital para los fabricantes que incluso una insinuación de cambio provoca el pánico.“Se corre el riesgo de frenar la innovación”, advierte Castellani.

Es difícil saber si esta es una amenaza vacía, porque el vínculo entre gasto de investigación y precios de medicamentos es tan lineal como un nudo gordiano.

“Si no cambiamos la estructura básica de fijación de precios de las farmacéuticas”, dice Miller, “este sistema colapsará.”