martes, 2 de septiembre de 2014

Imagina si el patrón de tu médico fuera una farmacia

Veronika J. Wirtz, Blog Gente Saludable, 20 agosto 2014

Imagina visitar a un médico cuya clínica se encuentra dentro de una farmacia o al lado de una farmacia. Imagina también que ese médico te dice que el dueño de la farmacia es su patrón. También te informa que su salario consiste en una comisión por cada paciente que atiende y, en ciertos casos, también recibe como complemento un porcentaje de las ganancias por la venta de productos específicos. 

¿Te preocuparía que el médico estuviera interesado en acortar la consulta para atender a tantos pacientes como sea posible? 

¿Te preguntarías si los medicamentos que receta dicho médico benefician más a la farmacia que a tu salud como paciente?

En México, dichas clínicas en establecimientos comerciales dentro de las farmacias o junto a ellas se multiplicaron en todo el país durante los últimos cuatro años. En el año 2010 se prohibió la venta de antibióticos sin receta o como medicamento de venta libre. Desde entonces, las farmacias ampliaron los servicios que prestan a sus clientes al establecer un consultorio médico dentro de sus instalaciones o inmediatamente al lado de su edificio. De manera similar a las pequeñas clínicas independientes que atienden sin cita previa en centros comerciales de los Estados Unidos, comúnmente conocidas como “doctores en una casilla” (docs-in-a-box), estos “doctores en la farmacia” atienden al público en el mismo horario que su farmacia. Los pacientes pueden consultar a un médico por menos de 4 dólares, cantidad que equivale a aproximadamente la décima parte de lo que habitualmente pagarían al buscar atención de un médico que cobra por los servicios prestados. La consulta les proporcionaría la receta que necesitan para comprar los medicamentos en la farmacia.

Estos “doctores en la farmacia” han ganado mucha popularidad, particularmente con la clase media de las zonas urbanas. A diferencia de ello, la población de ingresos más bajos obtiene atención mayormente en dependencias de la Secretaría de Salud, mientras que la población de ingresos más altos recurre al sector privado. Los resultados del “Estudio Nacional de Grupos Familiares 2012” también revelan que los padres de menores, y adultos jóvenes en particular optan por recurrir a los “doctores en la farmacia”: más del 51% de los pacientes tienen entre 0 y 19 años de edad, y la mayoría de esos jóvenes pacientes padecen de infecciones respiratorias agudas.

Resulta menos sorprendente el hecho de que a las dos terceras partes de tales pacientes se les administran tres o más medicamentos. Eso es preocupante porque muchas infecciones respiratorias causadas por un virus no requieren medicamentos. Si se sospechara de una infección bacterial, se recetaría un antibiótico, quizás en conjunto con un antifebril. Como promedio, se prevería que el médico recete uno o dos medicamentos, y no más que eso.

¿Por qué son tan populares esos consultorios a pesar de que generan mayores gastos de bolsillo a las familias? 
A diferencia de lo que algunos considerarían un indicio de falta de cobertura de seguro y una necesidad de clínicas que cobran por los servicios prestados, en efecto, los dos tercios de los citados usuarios tienen seguro médico. Tal parece que esos “doctores en la farmacia” cubren una importante brecha en el lado de la oferta del servicio de salud en México. Los clientes mencionan las siguientes razones para acudir allí:
  • Ubicación conveniente
  • Breve tiempo de espera
  • Costo económico de la consulta
  • Horario prolongado de servicio
En los Estados Unidos y otros países son comunes las clínicas en establecimientos comerciales; sin embargo, lo que parece contrastar es el modelo de empleo y servicio de tales clínicas. En los Estados Unidos dichas clínicas por lo general ofrecen un conjunto definido de prácticas para tratar condiciones menores (ej.,  rinitis alérgica o gastritis) o de prevención (ej.,  vacuna antigripal); no obstante, en el modelo de los “doctores en la farmacia” de México, los servicios parecen tener menos restricciones e incluyen todas las prácticas de atención primaria que puedan prestarse dentro del espacio y la tecnología disponible en el local.
Para el ámbito de los Estados Unidos, la Asociación Médica Estadounidense ha publicado una serie de recomendaciones, y una de ellas consiste en recurrir al médico familiar para la continuidad de la atención primaria. Otras dos características distintivas del modelo estadounidense son:
  1. La mayoría de esas clínicas son atendidas por enfermeros especialistas o asistentes médicos
  2. Los pacientes pueden obtener un reembolso del costo de su visita a clínicas en establecimientos comerciales, lo cual implica, por un lado, la supervisión de la atención recibida y la aprobación de la compañía de seguros y, por otro lado, la protección de los pacientes contra altos gastos de bolsillo.
Escasean los datos sobre la calidad de la atención de los “doctores en la farmacia” en México. Al respecto, hay varias preguntas que merecen considerarse: ¿La atención prestada por los “doctores en la farmacia” es comparable a la de otras instituciones, incluyendo una continuidad garantizada de la atención? ¿De qué manera las organizaciones profesionales, los establecimientos comerciales, tales como las cadenas de farmacias, y los gobiernos garantizan la calidad de una atención que sea costeable, accesible y aceptable para los pacientes? Con el paso del tiempo, ¿cuáles son las experiencias de los pacientes al recurrir a una clínica en un establecimiento comercial o a los “doctores en la farmacia”?
Dinos lo que piensas sobre este modelo de clínicas en México. ¿Existen en tu país? ¿Cuál ha sido tu experiencia?
Veronika J. Wirtz es profesora adjunta en el Departamento de Salud Mundial de la Facultad de Salud Pública en la Universidad de Boston.