lunes, 10 de febrero de 2014

Muestras Gratis?. No, Gracias



Alfredo Zurita
*, DataChaco 10/02/2014

El aumento del precio de los medicamentos, a consecuencia de la devaluación, es una buena oportunidad para tocar el tema, y los mecanismos comerciales de la industria para inducir su uso, a través de la publicidad sobre los profesionales, y para algunos directamente a la población mediante “chivos” en programas de alto rating.


El profesional egresa con un cierto conocimiento de los medicamentos, basado sobre todo en los que se usan en los hospitales, que vé durante su entrenamiento clínico, usados con criterios más o menos racionales, y se le insiste en usar monodrogas genéricas, combinadas en cada caso si necesario, pero no mezclas de drogas ya preparadas comercialmente, pero como aprende esto en los hospitales públicos puede quedar con la idea de que es así como se trata a los pobres, para ahorrar, sospecha que siempre tiene el ciudadano al juzgar la acción de gobierno, a veces sin razón, pero que puede quedar reforzada al compararlos con los que usan sus familiares atendidos privadamente.

A inicios de los 70 se convino un programa tipo Precios Cuidados, con la industria, y las cajas comerciales de esos productos llevaban cruzada la leyenda “Medicamentos Básicos Sociales”. Eso bastaba para que mucha gente los dejara de lado en las farmacias, y pidieran algo bueno, no para los pobres.

Al comenzar a ejercer será asediado por el visitador médico, un personaje que valija en mano, compite en la sala de espera con los pacientes, y reparte muestras gratis, un poco al estilo de las degustadoras de los super que le dan a uno un trocito de salame, o queso, para animarle a uno a comprar el producto, aunque en este caso no será el médico quien pruebe la muestra gratis, sino sus pacientes, y si parece funcionar el médico comenzará a recetarla. Solía pedir a los visitadores los papers adicionales a sus cartulinas de publicidad, de tipografía muy cuidada, y en general me los traían en visitas posteriores, aunque con algo de sorpresa, pues son largos documentos en inglés, con pruebas estadísticas complejas, que la cartulina publicitaria sintetiza en pocas frases, y con mucha foto artística de apoyo, que muestra ancianos felices, niños sonrientes, etc., como resultado de tomar el medicamento en cuestión.

La muestra gratis es pues el mecanismo de publicidad primario de la industria sobre la profesión, y la iniciativa “NO, GRACIAS”, de médicos de países desarrollados tiende a contrarrestarla, pues estos médicos no aceptan muestras gratis, y muchos tampoco al visitador médico, y prefieren consultar directamente la literatura científica supuestamente más neutra, donde al menos los que han ensayado un medicamento deben declarar si recibieron pagos por ello de la empresa productora o son empleados de la misma. El movimiento NO GRACIAS no tiene aún inserción en Argentina y demás países del tercer mundo, y aunque cuenta con el aval de algunos prestigiosos farmacólogos, es una gota de agua frente a la enorme presión publicitaria de la industria farmacéutica, que puede incluir, además de muestras gratis, apoyo a congresos médicos, viajes y pagos por colaborar en la prueba de nuevos medicamentos, así como su difusión publicitaria posterior.

Es difícil saber cuánto se gasta en medicamentos en Argentina por la enorme variación de cifras de las diferentes fuentes, y porque al menos la mitad de los medicamentos los compra por cantidad el estado, algunas obras sociales y el PAMI, a precios que pueden ser muy inferiores a los de venta al público por unidad, que es donde está el negocio realmente pues a diferencia de la compra por licitación, el paciente individual ya esta cautivo de un nombre comercial, salvo que alguien piense que un lego puede decidir entre varias marcas de una droga, cuando además está en juego su salud. El jefe de gabinete dijo días pasados que estas compras estatales son unos 20.000 millones de pesos por año y si fueran un tercio de las ventas totales, ello representaría un mercado de 60.000 millones de pesos, unos 7.500 millones de dólares, el 15 % del gasto total en salud del país, que es más o menos la proporción de los países desarrollados, aunque muchas veces se ha repetido que Argentina supera esta proporción. Argentina exporta e importa medicamentos, con una balanza desfavorable.

De todos modos nada asegura que el gasto en los países desarrollados sea racional, pues estos países son grandes productores de medicamentos, y lógicamente al contar con poblaciones de alto poder adquisitivo, las empresas ponen toda su imaginación publicitaria para que consuman medicamentos. Los países más pobres somos la parte marginal del negocio, aunque si tienen poblaciones enormes, como Brasil, China y la India hay que tomarlos en cuenta, y quizás por esta razón estos países tienen continuamente problemas con la industria farmacéutica multinacional, que compite con la suya propia en el país, y en terceros mercados.

En forma general podría decirse que muchas personas toman medicamentos que no necesitan, o muy poco, y muchas personas no toman medicamentos que necesitan bastante, y cómo mejorar esto es un problema difícil de resolver en casi todo el mundo al tratarse de un negocio de empresas, cuyos accionistas esperan ganancias, y no mejoras de la salud de la población mundial. Como puede verse al inicio de la película crítica hacia el sistema de salud de Estados Unidos, Sicko, las empresas farmacéuticas son generosas con los legisladores, y la prensa dice que lo mismo ocurre aquí con los partidos políticos, para gastos de campaña, donde por las dudas les dan a todos.

Se asume que el organismo de control del mercado de medicamentos y alimentos en Estados Unidos, la FDA, es el más eficaz del mundo, pero es claro que no puede ensayar por sí mismo los medicamentos, todo depende de la veracidad de los estudios hechos por las mismas empresas farmacéuticas, que le son presentados, pidiendo autorización para vender tal o cual medicamento, y ellas dependen a su vez de los clínicos que prueban los medicamentos en sus pacientes, contra pago, y de la credibilidad de sus nombres en el ámbito científico, y como vemos en la TV, cuando la industria lo puede pagar, se hace hablar a algún medico conocido en aval del medicamento, o alimento en cuestión.

Los grandes problemas de los organismos de control son que les traigan investigaciones truchas, o exageradas, o que les traigan como novedades mezclas de medicamentos ya conocidos, que se venderán con el agregado de PLUS al nombre original, o algo así, mucho más caros.

El equivalente de la FDA en Argentina es la ANMAT, si uno entra a su página Web encontrará que se han autorizado ensayos clínicos de unos 1.800 medicamentos, casi todos mezclas, y casi todos presentados por empresas multinacionales, que se desarrollan en hospitales públicos y clínicas privadas, con el aval de los comités de ética de estas instituciones. Puede verse por ejemplo que 168 de estos estudios han sido autorizados en el Hospital Italiano de Buenos Aires, en tanto que ninguno se realiza en el Hospital Perrando, lo cual contradice una creencia corriente de que solo los pobres son utilizados para estos estudios.

La directora de la OMS dijo días pasados, que solo el 20 % de los países cuentan con mecanismos eficaces de control de sus medicamentos. Esperemos estar en ese 20 %, y que el movimiento “No, Gracias”, comience a difundirse en el país.

*Profesor Titular de Salud Pública
Facultad de Medicina
UNNE 

 Nota original http://bit.ly/1dg1YEq



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