miércoles, 24 de junio de 2015

El fantasma de los medicamentos de alto costo. Carlos Correa en la Fundación Femeba


Alberto Ferrari,ANSA, 24 de junio de 2015



Un fantasma recorre el mundo. Es el fantasma de los medicamentos de alto costo que pueden destruir cualquier sistema de salud, público o privado. El fantasma también llegó a la Argentina donde ya afloran las presiones de los pacientes con Hepatitis C para que se apruebe el Sovaldi de Gilead, que en Estados Unidos tiene un costo de mil dólares la píldora o 84 mil dólares un tratamiento de doce semanas.

Medicamentos de alto costo fue el eje del debate “Patentamiento y Acceso a los Medicamentos de última Generación”, organizado por la Fundación Femeba, con la participación de Carlos Correa, economista y abogado, especialista en propiedad intelectual, que dirige el centro interdisciplinario CEIDIE de la Facultad de Derecho de la UBA, presentado por el ex ministro de Salud Aldo Neri (por la Coordinación de la Fundación).

“Los avances de la tecnología también pueden producir daños. Los gastos en medicamentos tienen una incidencia en Argentina mayor que en otros países”, afirmó Neri, al introducir en el debate.


El ex ministro de Salud de Raúl Alfonsín afirmó que “estamos clamando al cielo algún tipo de medida que no sean los parches judiciales, porque este problema (de los medicamentos de alto costo) lo termina resolviendo y mal, la justicia”.

Correa explicó que en realidad los regímenes de propiedad intelectual no trajeron “más innovación” como sostenía la industria multinacional, cuando reclamaba su sanción en la década del 90.



Por el contrario, la productividad de nuevas moléculas decayó y en Estados Unidos pasó de 43 en 1996 a un promedio de 24/25 por año en los últimos años.

“Hay de veinte a veinticinco nuevas moléculas por año, pero proliferan las patentes en torno a los ya conocidos”, comparó Correa.

El profesional afirmó que existe una gran “opacidad” en torno a los verdaderos gastos en investigación de los laboratorios, que aseguran que una nueva molécula puede demandar una inversión de dos mil a dos mil quinientos millones de dólares.

Sin embargo, el Sofosbuvir (Sovaldi) tiene un costo de 84 mil dólares en Estados Unidos (mil dólares la píldora), mientras que una versión genérica en India cuesta de dos a cinco dólares.

Brasil dispuso de una licencia obligatoria para el medicamento contra el sida efavirenz de Merck porque cotizaba a 1,59 dólares la unidad y la versión genérica se fabricó a un costo de 0,45 dólares, obteniendo el país un ahorro de 237 millones de dólares.

Correa sostuvo que la Ley de Patentes y el registro de nuevos medicamentos en Argentina tienen aspectos positivos, pues desde 2012 y en virtud de pautas fijadas por los ministerios de Salud, Industria y el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI) se impone un examen riguroso de la novedad inventiva.


Es así que en Argentina se han concedido un promedio de 30 patentes por año, mientras que en México el promedio es de dos mil anuales porque son más flexibles o menos exigentes, según como se mire.

Las leyes de patentes tampoco alcanzan para las aspiraciones monopólicas de las multinacionales y por eso Estados Unidos en la negociación de los tratados de libre comercio, como el TTP con los países del Pacífico, está exigiendo exclusividad de datos de prueba por 12 años para impedir que aparezcan competidores nativos.

También la UE que reconoce exclusividad de datos por diez y hasta once años, le está exigiendo algo similar a India para firmar un tratado de libre comercio. Médicos sin Frontera y otras entidades le han pedido al gobierno indio que no ceda a la presión porque desaparecería su industria de genéricos.

En Estados Unidos el primer biosimilar fue aprobado recién en marzo pasado. Se trata de la versión del Neupogen (filgrastrim) de Amgen, que fabrica Sandoz. Pero como era de esperar, Amgen recurrió a la justicia.

También en Argentina los laboratorios multinacionales están litigando contra Argentina por las pautas fijadas por Salud, Industria y el INPI para el patentamiento de nuevos productos desde 2012.

Al mismo tiempo, los criterios para el patentamiento de biosimilares “es una materia pendiente en Argentina”, señaló Correa: “Todavía no tenemos pautas precisas para examinar los biológicos. No se sabe cuando es una molécula nueva”, completó
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