viernes, 15 de abril de 2016

Farmacéuticas: El negocio de la vida humana


Atenea García de la Rosa Rus,Wall Street International

14 de abril de 2016


Pastillas y comprimidos de todos los tamaños y colores



Oferta y demanda. Demanda con dinero, oferta garantizada. Pero demanda con bolsillos vacíos, oferta aniquilada.

Unas nociones básicas de economía son las que describen una de las mayores catástrofes a nivel mundial. Una guerra ni siquiera mantenida en secreto, pero sí para muchos desconocida.

El alto precio de los medicamentos es el genocidio enmascarado más indiscriminado. La imposibilidad de hacer frente al alto costo de determinados fármacos en países como India o África ha supuesto un gran número de muertes. Un número que podría haber sido reducido e incluso evitado si las farmacéuticas no hubieran especulado con los medicamentos como si de un artículo normal se tratase.

Las grandes farmacéuticas encuentran la explicación al cobro de elevados precios en una justificación aparentemente sencilla: cuesta mucho dinero inventar una medicina y llevarla al mercado, así que los precios tienen que ser elevados o las empresas no podrán permitirse darle continuidad a la investigación y el desarrollo (I+D).

Además, a esto hay que añadirle el sistema de patentes, encargado de recoger los nuevos fármacos descubiertos y que en la mayoría de los casos evita que determinado medicamento pueda ser libre de tener un homólogo genérico hasta en un plazo de 20 años en algunos países.

Esto, en pocas palabras, garantiza el monopolio que estas empresas pueden ejercer sobre el medicamento en cuestión. Venderlos a altos precios, puesto que como son lo únicos contendientes y al no tener competidor, pueden elegir el precio que ellos quieran.

El plan de las farmacéuticas pasa casi siempre por maximizar los ingresos pasando por alto la cuestión fundamental, la accesibilidad a estos.

Incluso muchas veces este sistema no solo afecta a países subdesarrollados como India, con casos de muertes por Sida, la enfermedad que más muertes ha provocado en ese país, cuyo gobierno no ha podido costear en muchas ocasiones el alto precio de medicamentos que reducían en gran medida los síntomas. Incluso afectados en Europa por determinadas enfermdades como la Hepatitis C han visto reducida su calidad de vida, y en muchos casos han llegado a la muerte, debido a la incapacidad económica de los gobiernos por adquirir determinado fármaco.

En concreto, en 2015 el Sovaldi ocupó innumerables portadas de periódicos en España. Sovaldi, “el medicamento contra la Hepatitis C”, se convirtió en uno de los fármacos más caros de la historia. Distribuido por la multinacional estadounidense Gilead a precios prohibitivos, motivó una prescripción selectiva. En 2011, Gilead Sciences compró la empresa Pharmasset por 11.000 millones de dólares y se hizo con la patente del Sofosbuvir (el principio activo del Sovaldi). Según la ONG E-Changer, su precio multiplicaba por 100 el costo real, es decir, fabricar la llamada “pastilla de los mil dólares” no costaba ni 10 dólares.

Y es que aunque las farmacéuticas se encarguen en limpiar las acusaciones que agrupaciones y ONG's les hacen, en muchas ocasiones el descubrimiento del fármaco no tiene lugar en sus propios laboratorios ni el coste de producción es el que ellos afirman. Ideas brillantes junto a una profunda investigación nacen en muchas ocasiones de la mano de un investigador de una universidad. Estas investigaciones, en la mayoría de ocasiones, están capitaneadas con dinero público y entidades que las subvencionan. Una vez que el compuesto da buenos resultados, se vende a una empresa biotecnológica que a su vez es comprada por una farmacéutica que quiere y puede disponer a su antojo del descubrimiento. Una vez más, dinero llama a dinero.

E incluso el drama es mayor. Según investigaciones llevadas a cabo por organizaciones sin ánimo de lucro, es una realidad que las farmacéuticas abogan por compuestos que buscan “tratar” enfermedades lejos de curarlas. Incluso muchos de ellos aseguran que de aquí a un tiempo se reducirá el número de antibióticos (debido a que una vez que los tomas ya no tienes que seguir comprándolos), a la par que en el mercado se potenciaran aquellos compuestos que traten y exijan al usuario seguir comprándolos de por vida.

Un negocio de vidas humanas que tienen precio.



 

Atenea García de la Rosa Rus 
Viviendo para las palabras, viviendo de contar y de experimentar, periodista de profesión y corazón. “Dame una palabra y yo te daré un universo de cuentos”