lunes, 18 de mayo de 2015

En medicamentos, Colombia librará una guerra . Advierte Germán Velásquez

Sergio Silva Numa,  El Espectador 18 Mayo 2015
                    
El exdirector del Programa de Medicamentos de la OMS asegura que detrás de ese organismo hay muchos intereses privados.
 
Es probable que en los últimos meses la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya recibido más críticas de las que ha tenido a lo largo de su historia. Su respuesta frente a la epidemia del ébola ha sido calificada en varias ocasiones de lenta e ineficaz. Muchos dicen que, en parte, tiene la culpa de que a la fecha el virus haya infectado a cerca de 26.800 personas y matado a más de 11.000.
 
Ese tema fue mencionado ayer por la canciller alemana, Ángela Merkel, durante la inauguración de la Asamblea Mundial de la Salud, la reunión más importante en el ámbito de la salud, que se lleva a cabo cada año en Ginebra, Suiza, y se prolongará hasta el 26 de mayo. Allí se dan cita todos los ministros encargados de esa cartera. Esta vez es posible que Colombia tenga un rol protagónico por sus intentos de regular los precios y la producción de medicamentos.
 
Sin embargo, Germán Velásquez ya no ve con buenos ojos ese encuentro. Él, manizalita, filósofo de la Universidad Javeriana y doctor en economía de la Sorbona (París), conoce a profundidad la OMS. En esa entidad trabajó por más de 20 años y se convirtió en el director del Programa de Medicamentos y Medicina Tradicional hasta que renunció por no estar de acuerdo en la manera en que se estaba manejando la pandemia H1N1. Incluso, es el autor principal del llamado Libro rojo de la OMS, documento que puso en evidencia las excepciones en patentes del acuerdo sobre los aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio. La industria farmacéutica, desde entonces, lo mira con mucha más precaución.
 
Desde hace cuatro años Velásquez forma parte del equipo del South Centre (Centro Sur), una organización intergubernamental con sede en Ginebra que asesora a los países en vía desarrollo en las negociaciones que se realizan en esa ciudad. Allí, él es el encargado de analizar y de asistir a las delegaciones que forman parte de la OMS. “Es un tema muy interesante porque la OMS sabe muy bien que yo la conozco más de lo que a ella le conviene”, dice. 
 
Desde su casa en Francia le explica a El Espectador por qué desconfía del organismo y por qué Colombia está desempeñando un rol esencial en el acceso a los medicamentos aunque aún haya, según él, muchos intereses que nos impiden tener buen sistema de salud.
 
Usted, que conoce a profundidad la OMS, ha sido un crítico de la organización y de las asambleas de salud. ¿Por qué?
La Asamblea Mundial de la Salud es la reunión de todos los ministros de Salud. Hoy la agenda tiene unos 50 puntos que no reflejan las prioridades. Y después de discutirlos durante horas se logran unas resoluciones que son como sermones de iglesia: no tienen ningún valor jurídico ni mecanismo legal para que los países se comprometan a implementarlas. Ese es el primer problema. El segundo es que la OMS fue creada como una agencia multilateral pública. Pero hoy el 20% de su presupuesto proviene de contribuciones de países y el otro 80% corresponde a aportes de la Fundación Bill y Melinda Gates, y de la industria farmacéutica. Y esas agencias de filántropos están fijando las prioridades y las políticas públicas en materia de salud internacional. 
 
¿Pero hay puntos importantes en los que habría que fijarse? 
Claro. El documento más importante que se va a presentar es el de “Actores no estatales”, en el que se va a decir cómo se manejan los fondos de Gates cuando llegan en medio de una epidemia como el ébola. Además, en estos momentos es muy importante la propuesta para reformar la OMS.
 
En los últimos meses varios expertos han criticado esa respuesta de la OMS frente al ébola. De hecho, el organismo admitió que hubo fallas. ¿Cuál es su posición?
En la OMS no hay una cultura de reconocer errores. Con el ébola las críticas han sido tan fuertes, que por primera vez en la historia la directora general admitió que se cometieron fallas. Pero el problema es que como la OMS ya no es una organización multilateral independiente y está tan burocratizada, es muy difícil responder ante cualquier crisis sanitaria. No es que hayan llegado tarde a atender la epidemia del ébola, es que ya no puede llegar.
 
¿En qué debería centrarse Colombia en la Asamblea de la Salud?
La principal preocupación para el Ministerio de Salud es lo que va a pasar en el tema de los medicamentos. Sabremos si el mundo va a respaldar lo que Colombia está haciendo o se va a poner en cuestión. 
 
Colombia llega a esta asamblea después de haber firmado un decreto que regula la producción de medicamentos biotecnológicos, que ha sido discutido desde 2012 y que ha estado sujeto a múltiples presiones. ¿Cómo recibe esta medida la comunidad internacional?
Desde el South Center hemos visto ese acto de Colombia de manera positiva. Se necesita mucho coraje porque fue ese decreto el que le costó la cabeza a la exministra de Salud Beatriz Londoño en el gobierno de Uribe. Hay que reconocer que Alejandro Gaviria se metió de lleno en el tema, aun contra el pedido expreso del vicepresidente de EE.UU. Fue un acto a favor de la salud pública. Sin embargo, creo que hubo una especie de inconsciencia, porque la batalla no era firmar el decreto. Éste es el inicio de una guerra y no sé si Colombia esté equipada para librarla. Es decir, la firma de ese documento abre unas puertas increíbles en el acceso a medicamentos, pero para abrirlas por completo tiene que llevar una guerra internacional. 
 
Pero esos medicamentos siguen liderando el escalafón de los más costosos para el sistema de salud. ¿Hace falta tomar más medidas?
La verdad es que en materia de biológicos el país está un poco en pañales. Se debería reglamentar el decreto para decidir cuáles medicamentos biosimilares se van a permitir. Así hay competencia y se bajan los precios. Pero hay que destacar lo que ha hecho el Ministerio en materia de control de precios de medicamentos. Ha habido una voluntad de poner reglas de juego y hacer cumplir controles de precio que la industria no estaba cumpliendo. Desafortunadamente en el sistema de salud hay tantos intereses del gremio, de las industrias, de las EPS, de los políticos y del sector público y del privado, que hay mucha dificultad para que el país piense cuál es la salud que les va a ofrecer a los colombianos.
 
Justamente desde hace un par de meses hay rumores de que Alejandro Gaviria quiere renunciar al Ministerio…
Que salga o se quede es secundario. La pregunta de fondo es si a Santos le interesa y es consciente del problema de salud pública de Colombia. Si es consciente no creo que Gaviria deba salir. A un ministro de salud lo deben dejar por un tiempo considerable para que pueda hacer su trabajo. Para remendar la Ley 100 se necesita una medida de fondo que sólo es visible a largo plazo. Si no, que mejor nombren a un mago. 
 
¿Qué tanto cree está influyendo la industria farmacéutica en nuestro país?
La respuesta es muy simple. No se trata de que la industria farmacéutica esté manipulando el Gobierno colombiano. La industria farmacéutica está manipulando a la OMS y, por ende, el debate internacional en materia de salud pública. La industria es tan poderosa, que condicionó hasta la misma reforma de salud que impulsó Obama.
 
El Minsalud está estudiando la posibilidad de liberar una patente para el imatinib, utilizado para la leucemia crónica y por el que Colombia ha pagado casi $400.000 millones en los últimos seis años. ¿Qué tan fácil cree que va a ser?
Ya hubo una tentativa con el kaletra (para tratar el sida) que fracasó. En el caso del imatinib, ya hubo una experiencia interesante en India. Rechazaron la patente con el argumento de que no había innovación. Colombia, aunque ya dio la patente, debería ir por la misma vía de India y revisar los criterios de patentabilidad. Eso, a mi juicio, sería el trabajo más importante porque parece que la oficina de patentes de Colombia no es de vanguardia como la de Argentina o Brasil. Sin embargo, creo que en este momento ese medicamento no es prioritario para dar una licencia obligatoria. 


  


                                      
Desde hace cuatro años Germán Velásquez trabaja en el South Centre asesorando a los países en desarrollo en temas de salud. /
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