sábado, 21 de mayo de 2016

Por qué debemos tomarnos en serio la resistencia antimicrobiana

Clara Marín, El Mundo 20 de mayo de 2016



Una enfermera sujeta el pie de un bebé prematuro. RAUL ARBOLEDAAFP

Sólo la mitad de los medicamentos de este tipo que tomamos son necesarios
Los recién nacidos están muy expuestos a sus consecuencias

Los antibióticos son una bendición. Junto con las vacunas, son uno de los grades regalos que la medicina nos ha dado. Gracias a ellos, se ha logrado combatir varias de las más importantes enfermedades de la humanidad. Sin embargo, se podría decir que, de alguna manera, los antibióticos corren el riesgo de morir de éxito, porque la gente abusa de ellos, o directamente, los usa mal.

Su uso excesivo en el ganado, los peces o las plantas -para engordarlos o aumentar la producción- tampoco ayuda. A día de hoy, se calcula que menos de la mitad de los antibióticos que tomamos son realmente necesarios. Y esto, avisa la Organización Mundial de la Salud (OMS), está teniendo consecuencias en muchísimas enfermedades: "La gente está muriendo en todo el mundo porque las medicinas ya no funcionan". Y es que las bacterias, los virus, los parásitos y los hongos que causan enfermedades como la neumonía, el VIH, la malaria, la tuberculosis o la sepsis, son microbios, y como tal, pueden desarrollar resistencia frente a los fármacos que en su día se diseñaron para combatirlos.

Y justamente eso es lo que está pasando. El poder y la eficacia de los antibióticos han hecho que la gente abuse de ellos, y esto ha provocado que, tanto las personas, como los animales, y los ambientes -especialmente los hospitales- vayan acumulando cada vez más resistencias antimicrobianas que minimizan o incluso anulan la eficacia de los antibióticos. Y la comunidad científica advierte: nadie está desarrollando nuevas terapias que sustituyan a aquellas que están perdiendo efecto. 


El peligro para los neonatos

Además del impacto evidente que esto provoca en nuestra salud, las repercusiones económicas para los países tampoco son desdeñables: como los pacientes se han vuelto resistentes a muchos tratamientos, tienen que permanecer mucho más tiempo ingresados en el hospital -lo que a su vez multiplica el riesgo de propagación de microorganismos resistentes a terceros- lo que eleva mucho la cuantía de la atención.
La OMS utilizó la conferencia Women Deliver, uno de los mayores eventos mundiales en los que más se habla de todo lo relacionado con la mujer, su salud y sus derechos, para advertir del impacto que las nuevas resistencias a los antibióticos están provocando en la salud materno infantil, una de las múltiples aristas de este reto global.

Tal y como señaló la organización médica durante la conferencia clausurada el jueves, se estima que, en todo el mundo, más de 30.000 mujeres mueren cada año como resultado de infecciones durante el parto. La cifra es aún mayor en los recién nacidos: más de 400.000 pequeños fallecen cada año por una infección. Y aunque hay muy pocos datos sobre el tema, las estimaciones actuales sugieren que la mitad de ellos mueren por infecciones que no responden a los tratamientos actuales, es decir, 200.000 neonatos a los que se les administran terapias que no les funcionan acaban falleciendo.
Como se puede comprobar, el problema es grande, y aunque el desafío es particularmente difícil para los países en desarrollo -puesto que el mal saneamiento y la falta de agua potable son un caldo de cultivo de infecciones- el asunto tampoco es despreciable para el primer mundo. De hecho, a España le afecta bastante este problema, y Obama aprobó en 2014 un plan específico para combatir esta amenaza.

Evitar permanecer en el hospital más de lo necesario

Es sabido por todos que, incluso en los países con menores tasas de mortalidad materna, el parto puede ser un momento complicado tanto para la madre como para el niño. Sus sistemas inmunológicos no están a su máxima capacidad y, por tanto, tienen más riesgo de enfermar, bien sea por una bacteria que la madre ya portara o por una que pilla durante su estancia hospitalaria. En los centros donde el saneamiento es deficiente esto es mucho más común.
Los prematuros, como siempre, son los más perjudicados, porque sus defensas son todavía más débiles. Los bebés pretérmino tienen más posibilidades de contraer infecciones, y la resistencia antimicrobiana a muchas de esas complicaciones les deja indefensos ante ellas. "En todo el mundo, hay unidades de neonatos que han tenido que cerrar por la contaminación con cepas altamente resistentes", ha alertado la OMS estos días.
El organismo, que se está tomado este creciente desafío muy en serio, señala que lo más importante es evitar la propagación de infecciones. Para ello, dicen, "hay que asegurarse de que todas las instalaciones sanitarias tienen un buen sistema de agua y saneamiento y una muy buena higiene, y que no están masificados. Además, hay que evitar que las madres y los niños permanezcan en el hospital más tiempo del necesario".

Y sobre todo, recalcan: debemos utilizar los antibióticos única y exclusivamente cuando son verdaderamente necesarios. Y en el caso de una embarazada, estos casos serían sólo si se le va a hacer una cesárea, si va a dar a luz prematuramente, si porta estreptococo del grupo B, si tiene corioamnionitis [inflamación aguda de las membranas placentarias], cuando se le tiene que retirar la placenta manualmente tras dar a luz, cuando tiene un desgarro grave en el perinero o cuando, tras el parto, aparece una endometritis.



http://www.elmundo.es/salud/2016/05/20/573f354fca47414e298b4603.html