jueves, 6 de noviembre de 2014

Los errores más frecuentes en la medicación

12 ámbitos a vigilar

INFOSALUS 6 Noviembre de 2014

Son fallos cotidianos que pueden no tener una repercusión grave pero que en ocasiones serán vitales para tratar la enfermedad. Disponer de la información precisa sobre la gestión de los medicamentos pasa por una activa colaboración ante los profesionales de la salud y ser conscientes de que tomar un medicamento es algo serio.
Según explica a Infosalus Raquel Varas, farmacéutica del departamento de servicios asistenciales del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF), los principales errores se derivan de la falta de conocimiento del proceso de uso de los fármacos, para qué, cuándo, cómo y durante cuánto tiempo utilizarlos.
"En este sentido la labor de médicos, enfermeras y farmacéuticos es clave porque para cada paciente esta información varía", señala Varas, que añade que existen grupos de población como los mayores, niños o pacientes con medicación crónica y polimedicados en los que la correcta administración de los fármacos debe ser aún más estricta.
Infosalus repasa de la mano de la especialista del CGCOF los errores más comunes en el uso de los medicamentos.
1. Especialidades complejas: cuando se trata de suspensiones no sólo se pueden producir errores en el proceso de utilización sino también en la dosis del medicamento al tener que reconstituirlo o agitarlo previamente   para que el principio activo del fármaco no se quede en el fondo. "Hay padres tan preocupados por los síntomas del bebé o del niño que no reparan en la información del producto más visible como hasta dónde llenar de agua el envase o agitarlo en las siguientes tomas antes de dárselo al niño".
2. Temperatura: existen medicamentos, como los antibióticos en suspensión o las insulinas, que deben conservarse en la nevera y volver a la temperatura ambiente antes de utilizarse.
3. Momentos del día: las estatinas para el control del colesterol deben tomarse por la noche, al igual que los fármacos para la osteoporosis, que además deben tomarse con un tiempo de margen en relación a otros medicamentos. Otros fármacos son estimulantes y no pueden tomarse antes de ir a dormir o al contrario, producen sueño y deben emplearse por la noche a ser posible para evitar efectos no deseados en las horas diurnas o peligros en la conducción.
4. Interacciones con los alimentos: los medicamentos anti-acidez deben tomarse por la noche y los protectores de la mucosa gástrica (inhibidores de la bomba de protones) en ayunas ya que de no ser así pierden su efecto. Existen fármacos que deben tomarse siempre con alimentos para evitar una posible alteración gástrica.
5. Automedicación: siempre hay que informar al farmacéutico y al médico de los medicamentos que se están tomando si se va a incluir en la lista otro fármaco nuevo, sea este prescrito por el médico o de venta sin receta, no sólo en el caso de analgésicos sino también en casos de suplementos, vitaminas o cualquier producto para la salud.
“La codeína está presente en jarabes para la tos y normalmente produce estreñimiento, si no se informa de que se está tomando se puede entrar en una situación de "circulo vicioso" donde se van tomando más medicamentos para tratar efectos adversos sin resolver la situación e incluso empeorando la salud del paciente", señala Varas.
Según añade la farmacéutica, esto es tan importante como saber que los anti-inflamatorios no esteroideos no se pueden tomar junto con algunos medicamentos para la presión arterial (hipotensores). En el caso de personas con afecciones hepáticas graves el paracetamol puede ser muy dañino (está contraindicado).
6. Tomas: no respetar pautas como el horario a seguir en las tomas, saltárselas o dejar los fármacos cuando te encuentras bien puede tener consecuencias muy graves, sobre todo en condiciones crónicas como la hipertensión, la diabetes o situaciones agudas como infecciones tratadas con antibióticos. "En un paciente hipertenso que ve que sus niveles de tensión se han regulado dejar la medicación puede ser tan grave como la posibilidad de que sufra un incidente cardiovascular mortal", señala Varas.
Cuando el antibiótico no se toma el tiempo indicado pueden presentarse resistencias y recidivas que compliquen el pronóstico y un tratamiento posterior de la infección.
"Existen medicamentos modernos cuya periodicidad en las tomas se ha reducido a una vez a la semana o al mes, como tratamientos para la osteoporosis, la menopausia o la anemia, y se producen errores en los que el paciente los toma a diario o cada 8 horas, lo que puede ocasionar una sobredosis", alerta Varas.
7. Masticar, romper y tragar: existen fármacos que están preparados para su absorción por la mucosa oral a través de su disolución y que si se mastican o se tragan pierden por completo su efecto. Es el caso de algunas formas nuevas de anti-inflamatorios y analgésicos.
"Existen medicamentos que no se pueden partir ni masticar porque están fabricados con un encapsulamiento en capas destinado a ir activándose según va pasando por el organismo , y si no llega en la condición requerida porque se haya machacado o masticado, el medicamento no funcionará correctamente", aclara Varas.
8. Gotas: ya sean fármacos para los ojos o los oídos, es clave que el "gotero dispensador" no toque directamente la zona afectada ya que se produciría contaminación. En estos casos es muy importante que cuando se dejen de emplear en un episodio patológico concreto se desechen en los puntos Sigre de la farmacia y si se produce un nuevo episodio se emplee un producto nuevo. En la administración del colirio es fundamental que se apliquen en el párpado inferior y cerrar después el ojo para retener el fármaco.
9. Alimentación: la leche y los zumos se encuentran entre los alimentos que más interacciones ocasionan. "Es el caso de los antiácidos que no deben tomarse con zumo o de algunas penicilinas (antibióticos) que no deben tomarse con leche, aunque las más modernas ya no ocasionan esta interacción", explica Varas. Ante la duda siempre hay que preguntar al facultativo.
10. Caducidad: la fecha de caducidad que aparece en el envase de los medicamentos se refiere a su longevidad sin abrir pero una vez abiertos existen algunos que sólo duran un tiempo limitado. En el caso de aquellos que no estén en monodosis y se guarden, como en el caso de jarabes analgésicos para los niños o para la tos, se ha de vigilar posibles cambios en la textura, el color y el sabor y desecharlos si existe cualquier mínima duda.
11. Aerosoles: en el caso de los menores son los adultos los que deben cuidar que las cámaras empleadas estén limpias y que tras la inhalación siempre se enjuague  la boca ya que existe peligro de infecciones por hongos. Entre los más mayores uno de los errores frecuentes es que al no oír el sonido asociado al dispositivo inhalador , realicen la aplicación varias veces y se sobredosifiquen.
12. Alergias y fotosensibilidad: si existe cualquier tipo de alergia como a los salicilatos (tipos de analgésicos), gluten, excipientes o antibióticos es clave que el personal sanitario lo sepa pues los efectos adversos pueden ser graves.
En cuanto a la fotosensibilidad de algunos fármacos, característica que ya viene incluida en el envase, hay que tener en cuenta que fármacos tan utilizados como las cortisonas tópicas ocasionan manchas si existe exposición al sol.

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