viernes, 20 de diciembre de 2013

Cuándo es malo el colesterol malo?



Millones de personas podrían comenzar a tomar medicamentos contra el colesterol por cuenta de nuevas recomendaciones de la Escuela americana de cardiología.

Redacción Vivir, 14 de diciembre 2013
El consumo indiscriminado de fármacos puede generar una falsa sensación de bienestar.
“No fue una epidemia de enfermedades cardiovasculares ni los reveladores hallazgos de un estudio científico las razones para que la Asociación Americana del Corazón y la Escuela Americana de Cardiología hayan ampliado la definición de los pacientes que deben someterse a un tratamiento farmacológico para reducir los niveles de colesterol”. Así lo manifestaron Rita F. Redberg y John D. Abramson, reconocidos cardiólogos estadounidenses, en un artículo publicado en ‘The New York Times’.
Según esta polémica decisión, millones de ciudadanos  que cuentan con un buen estado de salud podrían ser medicados.
Anteriormente, dichas instituciones recomendaban medicar a las personas que presentaran entre el 10 y el 20% de posibilidades de sufrir enfermedades del corazón o accidentes cardiovasculares. Sin embargo, las nuevas directrices sugieren que las personas con un menor riesgo (del 7,5%) deberán ser tratadas con estatinas, un grupo de fármacos usados para disminuir los niveles de LDL o colesterol malo elevado.
Redberg, cardióloga de la Universidad de California y editora de la Revista de la Asociación Médica Americana (JAMA, por sus siglas en inglés), asegura que las estatinas no reducen el riesgo de muerte ni el de padecer otro tipo de enfermedades graves a aquellas personas que presenten un riesgo menor al 20% de sufrir patologías cardiacas, por lo que su consumo resultaría inútil.
“Muchas personas sanas podrían ser tratadas con estatinas para prevenir un ataque al corazón o un accidente cardiovascular al que en realidad no son proclives, sin recibir otros beneficios para su salud”, argumenta Redberg.
Para la cardióloga, el consumo indiscriminado de este tipo de medicamentos “ofrece falsas seguridades que pueden desalentar a los pacientes a tomar las medidas que efectivamente reducen las posibilidades de una enfermedad cardiaca”.
“Las estatinas dan la ilusión de protección a personas para las que 30 minutos diarios de caminata podrían resultar mucho más benéficos”, manifiesta.
John  Abramson, profesor de la Escuela de Medicina de Harvard y experto en litigios relacionados con la industria farmacéutica, dice que la expansión de los tratamientos  contra el LDL en Estados Unidos se debe a un posible conflicto de intereses que involucra a empresas farmacéuticas. “Aunque la Asociación Americana del Corazón y la Escuela Americana de Cardiología se autodefinan como entidades sin fines de lucro, están fuertemente respaldadas por diferentes compañías farmacéuticas. Varios de sus miembros tienen lazos financieros con ellas ”.
Redberg y Abramson creen que las nuevas directrices del colesterol no  se fundamentan en ensayos clínicos y estudios científicos adecuados. Es por eso que en su artículo  llaman la atención sobre la necesidad de promover otro tipo de soluciones.
“En lugar de convertir a millones de personas en clientes de estatinas, deberíamos promover hábitos saludables de vida que, sin duda alguna, reducirían el riesgo de padecer graves enfermedades”, afirman.
Andrés Buitrago, cardiólogo de la Fundación Santa Fe de Bogotá, manifiesta que si bien existen casos en los que los pacientes deben recibir un tratamiento farmacológico para reducir sus elevados niveles de LDL, los medicamentos no constituyen la única solución al problema.
“Es necesario que los médicos y los pacientes establezcan relaciones sensatas que les permitan identificar el tratamiento más adecuado”, dice Buitrago.
La identificación de dicho tratamiento corresponde a diferentes criterios genéticos y clínicos. Enla mayoría de las ocasiones resulta conveniente que el paciente cambie hábitos de vida perjudiciales como el tabaquismo, el sedentarismo y las dietas poco balanceadas, factores que según la Organización Mundial de la Salud (OMS), representan el 80% de las causas de las enfermedades cardiovasculares.


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