miércoles, 18 de enero de 2012

Las patentes caen, pero las farmacéuticas se repondrán



Por Marc-André Miserez, swissinfo.ch 18 de enero de 2012 
(Traducción: Andrea Ornelas)

Dentro de algunos años, la industria farmacéutica verá cómo sus productos ‘estrella’ son reemplazados por genéricos debido al vencimiento paulatino de sus patentes.

En vez de esperar simplemente a que el filo del hacha llegue, el sector ha iniciado ya un proceso de recortes que busca asegurar que sus cómodos márgenes de rendimiento no sean tocados.

Durante los próximos tres o cuatro años, los gigantes mundiales de la industria farmacéutica verán cómo su negocio pierde ligeramente ritmo. De acuerdo con previsiones del banco ginebrino Pictet, durante este lapso la industria farmacéutica crecerá a tasas anuales inferiores al 4%.

La razón principal: el famoso patent cliff o vencimiento de patentes. La fórmula exclusiva de un medicamento deja de pertenecerle a una compañía (frecuentemente tras 20 años de explotación), abriendo con ello la puerta a la fabricación de versiones genéricas del mismo producto, que frecuentemente se comercializan a un precio mucho menor.

Si bien las estimaciones a abundan, y las cifras difieren en función del producto del que se hable o del autor del mismo, Pictet estima que entre 2012 y 2015, los medicamentos de marca que caerán en este acantilado de patentes representan un mercado que posee un valor de 150.000 millones de dólares.

Entre ellos, el Diovan de la helvética Novartis, producto prescrito en casos de hipertensión arterial, cuyas ventas anuales suman 6.000 millones de dólares, lo que lo convierte en la píldora más rentable que posee el gigante de Basilea, lejos de otros productos clave como el anticancerígeno Glivec, que factura 4.300 millones de dólares.

La patente del Diovan venció ya en noviembre pasado en la mayoría de los países de Europa; en septiembre de 2012 sucederá lo mismo en EEUU. Y dos años más tarde, será el turno del Glivec.

La fuerza de las ventas

El pasado 13 de enero, Novartis anunció la supresión de 1.960 empleos en Estados Unidos con objeto realizar arrojos fijos por 450 millones de dólares. Del total, 1.630 son representantes comerciales encargados de persuadir a los médicos de las bondades del Diovan, para que lo prescriban en lugar de algún medicamento equivalente de la competencia.

“En materia de enfermedades cardiovasculares y de hipertensión, hablamos de un mercado de masas”, afirma Odile Rundquist, de la agencia de corretaje Helvea de Ginebra.

“Mientras en el caso de la oncología o la esclerosis en placas, los productos se dirigen a un grupo pequeño de médicos acostumbrado a observar con gran minucia la evolución de los estudios clínicos, en el caso de medicamentos para la hipertensión, lo que realmente cuenta para vender es el marketing. Como en el mercado de consumo tradicional”, detalla.

“En efecto, hay productos mejores que el Diovan, pero se trata de la marca Novartis y la fuerza de ventas del grupo ha hecho del medicamento un gran éxito”, añade el analista y titular de un doctorado en Bioquímica.

Una fuerza de ventas que ha sido parcialmente despedida y no se reciclará vendiendo Tekurna. Este último, el medicamento que se perfilaba como sucesor del Diovan, animó a Novartis a pagar 907 millones de francos suizos en 2008 para comprar a la empresa Speedel. Hoy, Tekurna se perfila como un medicamento riesgoso para algunos diabéticos. Por ello, si Novartis no decide retirarlo del mercado, de todas formas el estatus de bestseller que tenía este producto ya ha quedado comprometido.

Novartis se recuperará

Los analistas lo saben: la pérdida de una patente es sinónimo de la llegada de genéricos y, con ello, de una caída en la facturación de los años posteriores, que en algunos casos puede ser incluso de 90%. Pese a ello, el Diovan no pondrá de rodillas a Novartis.

El vencimiento de una patente jamás llega por sorpresa, y por el momento los mercados no han castigado al gigante de Basilea dejando de consumir el Diovan –y por el momento tampoco lo han hecho con respecto al semifracaso del Tekturna).

Odile Rundquist tiene una mirada “positiva con respecto al futuro de Novartis, porque el grupo posee un portafolio de productos muy amplio y novedoso, lo mismo para enfermedades como la esclerosis en placas –ha sido la primera farmacéutica que ha propuesto un tratamiento oral- que para la oncología”.

Para Rundquist, pues, “lo que Novartis pierda con el Diovan será largamente compensado por las ventas de otros productos nuevos”. Pero hay otras empresas que sí se verán en dificultades a causa del vencimiento de patentes. Una de ellas, la británico-sueca AstraZeneca “cuya oferta de nuevos productos es escasa y podría perder el entre 4 y 5% de su facturación en los años por venir”.

¿Y qué hay con Roche, el otro gigante de la industria farmacéutica suiza? Odile Rundquist estima que “el grupo está bien posicionado en lo general. Tiene pocas patentes por vencer y posee medicamentos biológicos, esto es, hechos a base de moléculas mucho más complicadas de producir que las moléculas químicas. Por ello, la pérdida de ingresos cuando expira una patente suele ser mucho más lenta”.

Money, money, money…

Al final, los años “difíciles” que se anuncian para la industria farmacéutica lo serán sobre todo para el personal y no para las compañías.  Odile Rundquist subraya que “todas las grandes empresas del sector han puesto en marcha recortes de personal durante los últimos años para asegurar sus márgenes de ganancia”.

Beneficios que hacen palidecer a muchos vendedores de productos de consumo. Novartis vende cada año 50.000 millones de dólares y genera utilidades del orden de los 10.000 millones de dólares. ¿La supresión de puestos –reciente y por venir- responde entonces a una estrategia empresarial o u mero tema de rentabilidad financiera?

Una pregunta que Paul Dembinski, director del Observatorio de las Finanzas de Suiza, responde con claridad: “Hace mucho tiempo ya que las grandes empresas razonan  y toman decisiones en términos estrictamente financieros. La industria es un medio para obtener ganancias, y los beneficios no serán puestos al servicio de la producción industrial. La inversión se ha consumido en todos los sectores y ni Novartis ni el resto de las empresas de esta industria son una excepción”.

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