miércoles, 17 de agosto de 2011

Medicamentos alto costo: inaccesibles

Hay medicamentos sensacionales pero inaccesibles

El Economista (México) 14-08-11

La mayor queja contra la industria de medicamentos en todo el mundo es el elevado precio de sus productos y, por lo tanto, lo inaccesible que resultan sus terapias, sobre todo las de última generación como los biotecnológicos.
Ello genera una descalificación en automático contra esta industria, que es vista como lucradora de la salud. Por más que trate de demostrar los grandes pasos logrados para el combate de muchas enfermedades a lo largo de la historia y por más que haya innumerables e innegables avances en la medicina como una mayor esperanza de vida gracias, en parte, a la inversión en investigación y desarrollo respaldada por los laboratorios internacionales, no logran mejorar su imagen ante la humanidad.

Lo cierto es que, desde hace décadas, el gran reto de esta industria farmacéutica en el mundo es incrementar su productividad, ser más eficiente y obtener fármacos seguros, eficaces, de calidad y, también, a costos accesibles. Ese reto lo tienen ahora, sobre todo ante la revolución biotecnológica.

El hecho de ofrecer una quimioterapia para cáncer de pulmón –considerada una maravilla, dado que es tomada, va muy dirigida contra el tumor maligno, no mata tantas células en su trayecto y por tanto los malditos efectos colaterales son mucho menores que una quimio tradicional- se diluye frente al hecho de que cuesta 36,000 pesos mensuales. En el Instituto de Cancerología de México este tipo de quimio en pastillas se llega a conseguir a un súper precio de 26,000 pesos; existen pacientes que la llegan a pagar cuando hay desabasto del medicamento, fenómeno que desafortunadamente no es frecuente. Hoy en día, ni las economías más ricas pueden cubrir el costo de estos fármacos sensacionales.
En un estudio reciente emitido por la firma internacional Pricewaterhouse Coopers (PWC) enfocado a biotecnología, se menciona que la industria farmacéutica está obligada a reorganizarse y a redefinir la investigación y el desarrollo para ser mucho más eficiente.

En el documento “Reinventar la biotecnología. ¿Hacia dónde vamos?”, los expertos de PWC mencionan que a 30 años de su nacimiento la biotecnología no ha ayudado a desarrollar nuevas medicinas ni más económica ni más rápidamente. O sea: no ha ayudado mucho a aumentar la productividad del sector; el tiempo promedio de desarrollo es incluso mayor y, por tanto, los costos promedio son muy similares (entre 1,200 millones y 1,300 millones de dólares por terapia).
Entre lo que observa PWC es que frecuentemente cuatro o cinco compañías trabajan por separado para alcanzar una misma meta y es posible que cada una desarrolle dos o tres compuestos que sirvan para dicho objetivo. “Pero si unieran sus portafolios, podrían concentrarse en las mejores medicinas potenciales, independientemente de la compañía que las haya inventado, con lo cual se evitarían grandes pérdidas”.
Lo que los expertos de PWC vislumbran es cada vez mayor colaboración entre empresas para la investigación previa a entrar en competencia. Y la industria, dice el estudio, no es adversa a la idea de colaborar. Hay ejemplos como el Grupo Asiático de Investigación en Cáncer -integrado por Eli Lilly, Merck y Pfizer- para estudiar cáncer de pulmón y gástrico. Las tres compañías aspiran a crear en dos años una de las más extensas bases de datos farmacogenómicas conocidas hasta ahora. Otro caso es el de la Coalición contra las Grandes Enfermedades, que desarrolla modelos cuantitativos de progresión para enfermedades neurodegenerativas complejas como alzheimer y parkinson.
También, la Iniciativa de Medicinas Innovadoras en la Unión Europea, que combina recursos de biofarmacéuticas, instituciones de investigación y grupos de pacientes en toda Europa para descubrir nuevos medicamentos. Está también la alianza Eli Lilly con Boehringer Ingelheim, específicamente para investigar sobre diabetes. Otras que recién hicieron historia fue AstraZéneca y Merck para desarrollar un tratamiento combinado contra cáncer, donde cada una aportó un compuesto a la mezcla y, de tener éxito, es probable que ambas corregistren dos drogas innovadoras simultáneamente.
“Pensamos que para el 2020 toda la investigación precompetitiva será realizada de esta manera”, estima PWC en su documento. Y la duda es cómo deberán entonces reacomodarse los reguladores a futuro ante los resultados de estas alianzas.