sábado, 12 de noviembre de 2011

Nueva Edición en inglés de Testing Treatments ( Cómo se prueban los tratamientos)

Cómo se prueban los tratamientos:  Una mejor investigación para una mejor atención de salud Imogen Evans, Hazel Thornton,  Iain Chalmers

11 noviembre 2011

La nueva edición en inglés Testing Treatments, que  luego del éxito de la primera edición publicada hace 5 años, incorpora un amplia revisión y actualización.

La cubierta de los tratamientos de prueba, segunda edición

Los nuevos capítulos se han añadido para mostrar cómo la detección de la enfermedad a veces puede hacer más daño que bien, y cómo el exceso de regulación de la investigación puede trabajar en contra de los intereses de los pacientes.

Un nuevo capítulo hacia el final del libro ilustra cómo la evidencia robusta de la investigación pueden ser reunidos para dar forma a la práctica de la salud en formas que permiten tomar decisiones de tratamiento para alcanzar conjuntamente por pacientes y médicos.

Al igual que con la primera edición, sin embargo, la nueva edición insta a todos a participar en la mejora de las investigaciones actuales y futuras de tratamiento, y esboza los pasos prácticos que los pacientes y los médicos pueden tomar juntos para hacer esto.

El  texto completo de la nueva edición está disponible para su descarga gratuita en


“…….Modern medicine has been hugely successful. It is hard to imagine what life must have been like without antibiotics. The development of other effective drugs has revolutionized the treatment of heart attacks and high blood pressure and has transformed the lives of many people with schizophrenia. Childhood immunization has made polio and diphtheria distant memories in most countries, and artificial joints have helped countless people to be less troubled by pain and disability.

Modern imaging techniques such as ultrasound, computed tomography (CT), and magnetic resonance imaging (MRI) have helped to ensure that patients are accurately diagnosed and receive the right treatment. The diagnosis of many types of cancer used to spell a death sentence, whereas today patients regularly live with their cancers instead of dying from them. And HIV/AIDS has largely changed from a swift killer into a chronic (long-lasting) disease.

Of course many improvements in health have come about because of social and public health advances, such as piped clean water, sanitation, and better housing. But even sceptics would have difficulty dismissing the impressive impact of modern medical care. Over the past half century or so, better healthcare has made a major contribution to increased lifespan, and has improved the quality of life, especially for those with chronic conditions.1, 2 But the triumphs of modern medicine can easily lead us to overlook many of its ongoing problems. Even today, too much medical decision-making is based on poor evidence….”

 [ Introduction
1 Nolte E, McKee CM. Does health care save lives? Avoidable mortality revisited. London: Nuffield Trust, 2004.
2 Nolte E, McKee CM. Measuring the health of nations: updating an earlier analysis. Health Affairs 2008;27(1): 58-77.]


Content:

Foreword to the first edition by Nick Ross
Foreword © 2011 Ben Goldacre
Preface
Introduction
1 New – but is it better?
2 Hoped-for effects that don’t materialize
3 More is not necessarily better
4 Earlier is not necessarily better
5 Dealing with uncertainty about the effects of treatments
6 Fair tests of treatments
7 Taking account of the play of chance
8 Assessing all the relevant, reliable evidence
9 Regulating tests of treatments: help or hindrance?
10 Research – good, bad, and unnecessary
11 Getting the right research done is everybody’s business
12 So what makes for better healthcare?
13 Research for the right reasons: blueprint for a better future
References
Additional resources



reproducimos aquí la introducción  a la 1ra edición en castellano
disponible  en

Cómo se prueban los tratamientos:  Una mejor investigación para una mejor atención de salud
Imogen Evans, Hazel Thornton e Iain Chalmers

INTRODUCCIÓN


No hay manera de saber cuándo están completas nuestras observaciones
acerca de los sucesos complejo s de la naturaleza. Como bien lo señaló Karl Popper, nuestro conocimiento es finito, pero nuestra ignorancia es infinita. En la medicina, nunca podemos estar seguros de las consecuencias de nuestras intervenciones; tan solo podemos reducir el margen de incertidumbre. Esta confesión no es tan pesimista como suena: las afirmaciones que resisten un escrutinio intenso y repetido a menudo resultan muy fiables. Tales “ verdades funcionales” son los elementos con los que se construyen las estructuras razonablemente sólidas en las que se apoyan nuestras acciones diarias a l a cabecera del paciente.
William A. Silverman. Where’s the evidence? 19981



Los autores hemos sido colegas durante muchos años, y compartimos no solo la camaradería profesional, sino también una convicción pro fundamente arraigada de que los tratamientos médicos, sean nuevos o viejos, deben basarse en datos probatorios sólidos. Nuestra experiencia conjunta en los terrenos de la atención de salud y la investigación en esta materia indica que a menudo no es así. Y eso es lo que nos motivó a escribir es te libro.
La curiosidad de Imoge Evans (IE) acerca de los datos probatorios que sustentaban los tratamientos que les prescribía a sus pacientes se avivó durante su trabajo como investigadora médica. Cuando se convirtió en periodista médica en The Lancet, fue testigo de los intentos descarados de algunas empresas farmacéuticas e investigadores de ocultar la verdad, distorsionando o adornando los resultados de sus investigaciones. En cuanto a Hazel Thornton (HT), una invitación inesperada para participar en un ensayo clínico de dudosa calidad le hizo darse cuenta de que debía participar activamente en la búsqueda de avances en el tratamiento que recibía, y no ser tan solo una receptora más o menos pasiva de la atención médica. A partir de entonces, impulsa vigorosamente la colaboración entre los profesionales de la salud y los pacientes, con el objeto de lograr que haya investigaciones útiles y que estos últimos reciban información de buena calidad. La obsesión de Iain Chalmers (IC) porque se valoren en forma rigurosa los efectos de lo que hacen los médicos a sus pacientes empezó cuando trabajaba en un campamento para refugia dos palestinos: algunos de sus pacientes parecían morir porque él los atendía como le habían enseñado en la escuela de medicina. Desde entonces, ha promovido con gran empeño la postura de que las decisiones en materia sanitaria deben sustentarse en datos probatorios imparciales derivados de investigaciones pertinentes, y en particular en los resultados de las revisiones sistemáticas de ensayos clínicos comparativos.
Cada año, los estudios sobre los efectos de los tratamientos generan un alud de resultados. Lamentablemente, gran parte de esta investigación no aborda las necesidades de lo s pacientes, y aun cuando lo hace, las pruebas científicas que aporta a menudo son poco fiables.

Esperamos que nuestro libro contribuya a una mejor comprensión de cómo los tratamientos pueden y deben probarse de manera imparcial.

Esta no es una guía sobre los mejores tratamientos en forma individual. Más bien, hace hincapié en temas que son fundamentales para lograr que la investigación tenga bases sólidas y se diseñe con el objetivo de responder las preguntas que les importan a los pacientes y a los profesionales de la salud a quienes recurren en busca de ayuda.
En el capítulo 1, se describe cómo algunos tratamientos nuevos han tenido efectos perjudiciales inesperados, cómo los efectos anhelados de otros no llegaron a materializarse y cómo se refutaron las predicciones de que ciertos tratamientos no funcionarían. Además, algunos resultados útiles de la investigación no se han aplicado en la práctica.
En el capítulo 2, destacamos el hecho de que muchos tratamientos y pruebas de detección que se usan con frecuencia no se han evaluado adecuadamente.
El capítulo 3 ofrece algunos “detalles técnicos”. En él se describen las bases de cómo hacer pruebas imparciales de los tratamientos, con particular hincapié en la importancia de reducir los posibles sesgos y tener en cuenta la intervención de la casualidad o el azar.
Este capítulo también introduce conceptos tales como ensayos clínicos aleatorizados y placebos.
En el capítulo 4 se mencionan algunas de las muchas incertidumbres que prevalecen en casi todos los aspectos de la atención de salud y cómo enfrentarlas.
El capítulo 5 contrasta las diferencias fundamentales entre la investigación buena, la mala y la innecesaria con relación a los efectos de los tratamientos.
En el capítulo 6 se comenta hasta qué punto la investigación que se hace está distorsionada por las prioridades académicas y comerciales, y no aborda cuestiones que podrían tener una verdadera repercusión en el bienestar de los pacientes.
El capítulo 7 detalla lo que podrían hacer los pacientes para que los tratamientos se sometan a mejores pruebas.
Y en el capítulo 8 se presenta un “proyecto para una revolución” en la manera de probar los tratamientos: una serie medidas prácticas que podrían adoptarse hoy mismo para que esto sea realidad.
Cada capítulo contiene referencias a una selección de materiales de consulta. Para quienes deseen explorar los temas con mayor profundidad, un buen punto de partida es la James Lind Library (Biblioteca James Lind), que puede consultarse en: www.jameslindlibrary.org; la sección de Recursos adicionales al  final del libro ofrece más fuentes de información.

Si bien el libro describe el daño que han causado algunos tratamientos estudiados inadecuadamente, nuestra intención no es minar la confianza de los pacientes en los
profesionales de la salud que los atienden. Nuestro objetivo es mejorar la comunicación y fomentar la confianza. Pero esto solo sucederá cuando los pacientes puedan ayudar a sus médicos a valorar con actitud crítica las opciones de tratamiento.

Esperamos que al terminar el libro usted, lector, compartirá en cierta medida nuestro profundo interés por el tema y, en consecuencia, hará preguntas incómodas acerca de los tratamientos, reconocerá las áreas donde faltan conocimientos médicos y participará en las investigaciones a fin de obtener respuestas que nos beneficien a todos.