domingo, 30 de agosto de 2015

Estados Unidos debate la regulación o no del precio de los medicamentos


Carlos b. Rodríguez, El Global.Net, 28 de agosto de 2015


La propuesta de Barack Obama de aumentar el control público divide de nuevo al Congreso


El precio de los medicamentos en los Estados Unidos no es un problema nuevo, pero el diálogo nacional en torno a esta materia ha cobrado fuerza después de que el gasto farmacéutico haya sufrido el efecto de los fármacos para la hepatitis C. Hoy, Estados Unidos gasta en medicamentos más que cualquier otro país del mundo: 1.010 dólares per cápita. Las predicciones no son favorables desde el punto de vista de la sostenibilidad: el ritmo de crecimiento es tal que, si ya en 2012 el gasto superaba los 87.000 millones de dólares, en 2020 podría llegar a los 400.000.


Varios intentos de modificar el rígido sistema norteamericano han fracasado en los últimos años. A principios de los 90, el Acta de Seguridad Sanitaria promovida por Bill Clinton habría establecido un consejo asesor federal para evaluar la 'sensatez' de los precios de los nuevos medicamentos y dado al Secretario de Estado de Salud la potestad de vetar la cobertura en Medicare (programa de cobertura para mayores de 65 años) de fármacos excesivamente caros si el Congreso no se hubiera opuesto a ello. Desde la oposición, los demócratas llevaron a cabo un nuevo intento en 2003, con la intención de permitir la importación de fármacos del extranjero y de dotar de poder al gobierno federal para negociar los precios de los medicamentos incluidos en la parte D de Medicare (medicamentos de prescripción). De nuevo el Congreso lo rechazó.


Precisamente esta segunda idea es la que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha planteado en su propuesta presupuestaria para 2016; permitir al Secretario de Salud negociar los precios de productos biológicos y medicamentos de prescripción de alto costo elegibles para la parte D de Medicare, una propuesta que, para salir adelante, debe superar las barreras del Congreso. La mayoría republicana continúa apostando por el libre mercado frente a cualquier tipo de intervención, segura de que cualquier cambio en el statu quo del sistema norteamericano impactará sobre la I+D de la industria farmacéutica.

Mientras la propuesta continúa en estudio, hay quien cree que la experiencia de otros países puede resultar esclarecedora para decantar la balanza. Un informe elaborado por el Instituto Kaiser de Política Sanitaria examinó la política farmacéutica estadounidense con la llevada a cabo por Alemania, Reino Unido y Australia, centrándose específicamente en el impacto que dichas políticas han tenido en la innovación. 



Un debate complicado

Las conclusiones de este informe pretenden ofrecer pistas adicionales a las que hasta ahora han liderado la oposición a la reforma del sistema de precios. En 2004, la Cámara de Comercio de Estados Unidos analizó el efecto de los controles internacionales de precios en ocho países de la OCDE, y estimó que debido a ellos el gasto privado en I+D se redujo entre un 11 y un 16 por ciento anual debido a la pérdida de beneficios.

El trabajo elaborado por el Instituto Kaiser de Política Sanitaria no niega que esto pueda ser verdad. Su principal conclusión es que implementar controles de precios de los medicamentos ha permitido a los tres países estudiados frenar el crecimiento de su gasto sanitario, si bien ello ha podido tener un impacto sobre la innovación. 











Quizá la regulación nacional que más críticas ha recibido en este sentido es la alemana, que ha llevado a varias compañías farmacéuticas a elegir otros países para lanzar sus nuevos medicamentos y evitar así la evaluación clínica del beneficio adicional, un examen que, de no superarse, lleva el medicamento a un sistema de precios de referencia. "Aún así, Alemania aprueba nuevos medicamentos a un ritmo mucho mayor que el resto de países europeos", con un 64 por ciento de medicamentos que, ofrecen valor añadido, señalan los autores.

Aún asumiento que una política de control de precios puede tener un impacto sobre el gasto en investigación y desarrollo de las compañías farmacéuticas, los expertos aseguran que la cuestión política real que debería ser evaluada es la de cómo conseguir que esa reducción en la inversión en investigación y desarrollo no afecte al desarrollo de fármacos que ofrecen un beneficio a la sociedad.

Junto a las posibles pérdidas en inversión en materia de I+D, hay otras cuestiones que, según el Instituto Kaiser, no deben olvidarse en el debate de los precios de los medicamentos. Para empezar, analizar el posible impacto de una regulación sobre los puestos de trabajo y sobre la economía nacional. El traslado de algunas compañías a países que ofrecen mejores condiciones fiscales preocupa a los críticos, que temen que una regulación de los precios puede acelerar este 'éxodo'. En el otro lado de la balanza se sitúa el posible impacto en el mercado global. Esta consideración hace referencia a una teoría según la cual los Estados Unidos son una 'víctima' de las políticas de precios de otros países, teniendo que recuperar en el mercado doméstico el terreno perdido fuera. Desde este punto de vista, la pregunta que se plantea es si una regulación estadounidense podría aumentar la presión para que otros países paguen más por los fármacos. 



Alternativas

Más preguntas se acumulan en un debate complicado. Por ejemplo, la de hasta qué punto es posible plantear una regulación de precios en un sistema sanitario tan fragmentado como el estadounidense. Las políticas de precios en otros países han funcionado principalmente porque sus gobiernos tienen un enorme poder de compra. El gobierno de Estados Unidos no disfruta del mismo poder, y seguramente implantar una regulación de precios conllevaría a un cambio del modelo.

Este punto lleva a los autores a plantear si la regulación de precios es la única solución que se debe poner sobre la mesa. Desde este punto de vista, incrementar la competitividad del mercado podría ser una vía intermedia. Una aproximación incluiría desde aumentar la sensibilidad al precio por parte de los consumidores hasta incrementar la transparencia de los precios o favorecer la competencia con los genéricos.

Junto a ella se sitúa otra de las alternativas que encaja perfectamente, según los autores, con las directrices que Obama plantea: apostar por una evaluación de los fármacos basada en el valor, como lleva a cabo Reino Unido, o una evaluación temprana del beneficio clínico como la que practica Alemania. "Los tomadores de decisiones tienen aquí algo importante a considerar", aseguran los autores. 


nota original http://bit.ly/1EvFm2x