lunes, 20 de junio de 2016

Polimedicación en ancianos, edadismo y deprescripcion

EL DOCTOR HARRY HAROUTUNIAN DA LA ALARMA

El peligro que se esconde detrás de la medicación que están tomando los mayores

Aunque todo medicamento tiene un objetivo, es posible que poner un parche a cada una de las dolencias que sufrimos no sea la mejor solución, sobre todo a largo plazo
Foto: El menú del día, y algo más. (iStock)
El menú del día, y algo más. (iStock)

Autor
 , El Confidencial, 17 de junio de 2016
 
Todos hemos bromeado con nuestros padres o abuelos alguna vez. Llega la hora de la comida, nos sentamos a la mesa, y el ritual diario se repite: la persona de mayor edad empieza a sacar un montón de pastillas y a colocarlas una detrás de otra sobre la mesa. Que si la de la tensión, que si la del corazón, que si las vitaminas, que si la del dolor de huesos… Ante ello, los ancianos optan el camino del humor suavizante, como ocurre con tantos aspectos de su vida que se han visto obligados a alterar para adaptarse a la vejez. Es probable que la mayoría de esas pastillas, incluso todas por separado, tengan su utilidad. Pero también es posible que otras tantas no sean necesarias, lo que no causa más que efectos adversos en su organismo.

Es la tesis principal del veterano doctor Harry Haroutunian, uno de los grandes especialistas estadounidenses en el tratamiento de adicciones, en su último libro, 'Not As Prescribed: Recognizing and Facing Alcohol and Drug Misuse in Older Adults' (Hazelden). Según sus datos, alrededor del 17% de las personas mayores de 60 años “pelean con el mal uso de las sustancias y la adicción”. Algo complicado de identificar en cuanto que los síntomas del envejecimiento pueden confundirse fácilmente con aquellos causados por el consumo de medicinas con potentes efectos secundarios.

Consideramos que los mayores ya han vivido demasiado, por lo que consideramos que con que estén "cómodos" es suficiente

¿Quiere decir eso que deberían dejar de tomar pastillas? No, por supuesto, pero tampoco deberían automedicarse, como ocurre con tanta frecuencia (“hoy me encuentro algo peor, ¡tomaré una pastilla más!”). Existe otra causa para esta creciente dependencia física y psicológica de los medicamentos: que muchos especialistas no siempre tienen presente qué otra medicación están tomando sus pacientes, lo que puede provocar que las pastillas se acumulen. Y sus efectos secundarios, también.

Una epidemia en crecimiento

La periodista Martha Rosenberg lo sugiere en una entrevista con el doctor Haroutonian. Es posible que la hipermedicación de los ancianos, como tantas decisiones médicas aparentemente inocentes, tenga un origen ideológico más allá de la mera rutina diagnóstico-prescripción: que debido al “edadismo” (la discriminación por edad), consideremos que las personas mayores ya han vivido lo suficiente, por lo que simplemente deberían conformarse con pasar su vejez “cómodos”.

Algo con lo que Haroutunian se manifiesta de acuerdo, al señalar que la gente aún es capaz de hacer muchas cosas a los sesenta, setenta, ochenta o incluso noventa: “Si mamá no recuerda que le visitaste ayer o que saliste corriendo para ver qué tal estaba porque se había quedado sin batería en el móvil, puede que no tenga problemas de memoria; puede que esté sufriendo efectos secundarios de la medicación”. ¿Cuáles son los medicamentos que deberíamos apuntar para preguntar al médico de cabecera acerca de sus efectos secundarios o potenciales incompatibilidades? Sobre todo, aquellos que se dispensan sin receta, como el paracetamol, el ibuprofeno o medicamentos contra el resfriado o la diarrea que “pueden causar confusión, pérdidas de memoria, boca seca y caídas”.
Hay otras tres dificultades adicionales. Una, que no es sencillo decirle a tu padre o a tu abuelo que quizá se está excediendo con la medicación, puesto que se trata de un tema tabú y se sigue pensando que la medicación, si es legal, no puede causar un gran daño. Además, determinadas leyes de privacidad sanitaria pueden provocar que si los médicos no pertenecen al mismo sistema de salud no conozcan qué están tomando sus pacientes salvo que ellos mismos se lo digan; y en muchos casos estos no saben exactamente qué están tomando o para qué.

Los usuarios no relacionan el consumo desmedido como posible causa de los efectos adversos producidos por estos fármacos.

Por último, hay una razón económica para que se receten tantos medicamentos: como señala Haroutunian, “si cogieses a 100 pacientes que estén tomando medicación para el dolor crónico, se la quitases y les llevases a realizar tres ejercicios de terapia en piscina al día, muchos se sentirían mejor”. El médico asegura que los opioides pueden causar hiperalgesia, es decir, hacer aún más dolorosos los estímulos normalmente dolorosos. El problema es que es mucho más barato y sencillo recetar medicamentos de este tipo que un tratamiento de rehabilitación o fisioterapia.

Un problema de alcance global

No es algo que afecte únicamente a Estados Unidos, país de Haroutunian. Durante los últimos años cada vez es más habitual que se alerte ante los muy perjudiciales efectos secundarios de un consumo abusivo o simplemente equivocado de medicinas, recetadas o no. Es lo que señala en el ámbito de nuestro país la investigación 'Prescripción inadecuada y efectos adversos a medicamentos en pacientes de edad avanzada' publicada en 'Revista clínica española', que concluía que “en pacientes de edad avanzada, la frecuencia de reacciones adversas a medicamentos en relación con fármacos de prescripción inadecuada es elevada”, y animaba a “la implementación de estrategias para identificar las prescripciones inadecuadas y para utilizar estos fármacos apropiadamente en pacientes de edad avanzada”.
Una solución fácil y sencilla. ¿Demasiado? (iStock)
Una solución fácil y sencilla. ¿Demasiado? (iStock)

No es la única. Frente a dicha situación problemática, un estudio publicado en la 'Revista española de geriatría y gerontología' llamado 'Ancianos frágiles polimedicados: ¿es la deprescripción de medicamentos la salida?' propone la deprescripción, es decir, el “desmontaje de la prescripción de medicamentos por medio de su análisis”. “Desconocemos la utilidad y seguridad de muchos medicamentos que siguen los ancianos frágiles o enfermos terminales; otros producen efectos adversos molestos o graves”, señala el estudio. “Por tanto, en determinadas ocasiones su retirada pudiera estar justificada, siendo de una manera sustancial seguro hacerlo”.

Muchos de estos medicamentos están relacionado con la salud mental de los ancianos. Como explican investigadores cubanos en 'La dependencia en ancianos a psicofármacos', las personas mayores son los que más ansiolíticos, sedantes y antidepresivos consumen. Según sus datos, el 54% de los casos estaban relacionados con la complacencia médica, el 13,5% con la farmacodependencia y un 5,1% con la automedicación. Pero, además, desvelaba otra de esas realidades que deberían hacer reflexionar tanto a los ancianos como a los seres queridos que les rodean: “Se ha encontrado que los usuarios no relacionan su consumo desmedido como posible causa de los efectos adversos producidos por estos fármacos ya sea por la dosis y/o el tiempo de uso de esos medicamentos

original en
http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-06-17/ancianos-pastillas-peligro-medicacion_1187787/