jueves, 1 de noviembre de 2012

Joan-Ramón Laporte: "Hay una epidemia de sobremedicación"



el  director del Instituto Catalán de farmacología,  sostiene que "los remedios no siempre curan, pero tampoco matan" y que producen secuelas para el paciente, para su economía y para la salud pública.

Rosa Bertino, La voz del Interior 31/10/2012
  Joan-Ramón Laporte tiene 64 años, es catalán y confeso admirador de su compatriota Juan Manuel Serrat, y del argentino Enrique Santos Discépolo. “La de Serrat es la mejor versión de Cambalache”, afirma el médico y farmacólogo barcelonés. Entrevistado por La Voz del Interior , se mete de lleno en el tema que lo apasiona: la alta incidencia del medicamento en la vida contemporánea y lo perjudicial que puede resultar para la salud personal y colectiva.

Laporte enseña Farmacología en la Universidad Autónoma de Barcelona y es director e investigador del prestigioso Instituto Catalán de Farmacología. “En realidad, al prestigio lo cimentó el laboratorio Merck, cuando exigió que nos retractáramos de nuestras conclusiones sobre los efectos colaterales del rofecoxib”, aclara, en alusión al antiinflamatorio no esteroideo muy comercializado en la década de 1990. “Nos negamos y, poco después, más precisamente a mediados de 1999, dicha droga debió ser retirada del mercado por razones de seguridad”.

Laporte brindó una clase magistral sobre Medicamentos y Derechos Humanos, en la Secretaría de Graduados en Ciencias de la Salud, de la UNC.

–¿Cuál es el nexo entre el medicamento y los derechos humanos?
–Ese nexo empieza por la garantía universal de acceso a los medicamentos, pero continúa con el derecho a recibir el adecuado, y a no ser intoxicado por ellos.

–¿Qué debe saber el paciente con respecto al fármaco que le están recetando?
–El profesional debe informarle tres cosas. En primer lugar, para qué se lo prescribe; segundo, cómo debe ser suministrado (su posología, si debe tomarlo de día o de noche, antes o después de comer, en gotas o inyecciones, etcétera), y tercero, hasta cuándo debe usarlo. Son aspectos fundamentales, ya que muchos remedios sólo sirven para paliar síntomas de una enfermedad y hay que evitar la cronicidad del medicamento.


–¿Cuáles son los peligros de la sobremedicación?

–Desde el Instituto de Farmacología, en Barcelona, y otros centros afines, procuramos que los laboratorios y entes regulatorios hagan un seguimiento continuo del medicamento. En general, estos se prueban, se comercializan, se prescriben y punto. Lo que está fallando, o hay que reforzar, es la farmacovigilancia. El enfermo consume un fármaco mucho más tiempo que el que se tardó en obtener la autorización para su venta. Las contraindicaciones y secuelas son como una epidemia soterrada. ¿Cuántas veces escuchamos la frase “la medicina que tomaba lo curó de una cosa, pero lo enfermó de otra”? El remedio pasa por los controles.

–La población sigue teniendo una visión muy favorable del medicamento. Le atribuye la mayor expectativa de vida.

- Es verdad, ningún paciente quiere salir del consultorio sin una receta. Esto también está cambiando, por su alto costo y por el progresivo convencimiento de que salud y fármacos no son sinónimos. Está demostrado que la mayor expectativa de vida en Occidente se debe, en un 85%, a la sumatoria de genes, alimentación y ambiente. Estos dos últimos factores han mejorado mucho en los últimos 100 años. El 15% restante descansa en el sistema de salud. Y, de este porcentaje, los medicamentos se llevan sólo la mitad. Y vea la contradicción: en la actualidad, las personas que alcanzaron la mayor expectativa de vida son las de mayor riesgo, por la cantidad de pastillas que ingieren. En España, hay más de 400 mil ancianos que toman más de 12 medicamentos por día.

–El médico tiene una gran responsabilidad en lo que prescribe.
–Por supuesto. Pero el médico actual está programado para prescribir. Está “infoxicado” por los laboratorios, por Internet, por el entorno, por el temor a la demanda. Aun así, un profesional no puede olvidar la obligación de recetar por genéricos, esto es, poniendo el nombre original de la droga y no su presentación comercial. Eso abarata los precios.

–Para ese profesional tampoco debe ser fácil abstenerse de recetar. Esto también implica riesgos.
–Empecemos por hacer una diferenciación básica: una enfermedad de riesgo de una incurable. Es obvio que, ante estas últimas, el médico apele a todo lo que tiene a mano. Acá nos estamos refiriendo a las patologías más comunes, que son episódicas, recurrentes o crónicas, pero no son terminales. En este campo se ven las consecuencias de la sobremedicación.

–¿Con qué tipo de drogas debemos tener más cuidado?
–El grueso de las medicinas que se consumen son de mantenimiento. No curan, pero tampoco matan. Se indican para el colesterol, la hipertensión, la depresión, los problemas gástricos, dolores de todo tipo. Dentro de ese espectro, se puede hacer un ranking de las drogas que debemos consumir con cautela. El exceso de antiinflamatorios puede producir infarto de miocardio. Hay mucha hemorragia intestinal causada por anticoagulantes. También colitis seudomembranosa, por exceso de antibióticos. La resistencia bacteriana es una preocupación instalada.

Enlace a la nota original: http://bit.ly/W59yoJ