sábado, 25 de diciembre de 2010

Farmaceuticas buscan nuevos usos para remedios antiguos

estimadas y estimados
algunos pocos ejemplos conocidos de como alargar las patentes, a veces aumnentar los precios y encontrar nuevas indicaciones y hasta enfermedades




ANDREW JACK El Cronista Comercial (Argentina) 24-12-10

Encontrar nuevos usos para medicamentos antiguos es una estrategia tentadora para todas las compañías farmacéuticas. Sin embargo cuanto más tiempo ha existido un remedio, más difícil es el desafío de recuperar sus costos.
Uno de los ejemplos más famosos de reposicionamiento de un medicamento es el Viagra, que estaba en desarrollo para tratar la hipertensión en los ’90 cuando los investigadores identificaron un sorprendente efecto secundario que ayudó a definir una nueva “enfermedad”: disfunción eréctil.
Si bien el tratamiento inicial fracasó y la mayoría de las ventas han venido de este uso no anticipado, Pfizer continúa extendiendo su mercado.
Ahora comercializa Viagra, conocida genéricamente como sildenafil, bajo forma, color, dosis, precio y hasta marca diferente –Revatio– para tratar la hipertensión pulmonar arterial.
Muchas compañías buscan ampliar los usos. Roche consiguió la aprobación para utilizar el Avastin en una serie de cánceres aún mayor. Novartis busca desarrollar medicamentos para indicaciones bien definidas para después extenderlas a otras terapias.
Remedios recientes tales como Avastin o Viagra vienen con sólidos derechos de propiedad intelectual, lo que permite a sus promotores financiar nuevos procesos y recuperar la inversión antes de que las patentes expiren y se aparezcan versiones genéricas de bajo costo.
Donde grandes compañías farmacéuticas han archivado tratamientos experimentales debido a incertidumbres científicas o la existencia de un mercado potencial pequeño, las compañías especializadas han sellado alianzas para investigar usos alternativos, como Biovista, que develó una alianza este año con Pfizer.
Algunos desarrolladores están buscando nuevos usos para medicamentos que han sido utilizados durante largo tiempo. Debido a que ya fueron estudiados y probados en pacientes, normalmente es menor el riesgo de fracaso ligado a preocupaciones par la seguridad.
Incluso si el componente del medicamento no es nuevo, las compañías pueden solicitar a los reguladores el “uso de patente” y exclusividad en el mercado.
Pero Gareth Morgan, socio de la firma legal DLA Piper, dijo: “Es un monopolio muy extraño”. Él argumenta que es difícil para una compañía innovadora demandar a una compañía de genéricos por ofrecer versiones de bajo costo de una antigua versión de sus medicamentos, a no ser que el rival lo comercialice explícitamente para el nuevo uso.
Una compañía que encontró el camino para resolver el problema es Celgene, que vende una versión de la talidomina, el tratamiento para náuseas matutinas retirado hace medio siglo luego que se descubriera que causaba defectos de nacimiento. Celgene obtuvo aprobación para vender el medicamento para tratar ENL, un efecto secundario de la lepra, y más recientemente –y más lucrativo– para la leucemia.
La escasa prevalencia de la lepra en países desarrollados implica que la compañía enfrenta pocos rivales, y ganó exclusividad por parte de los reguladores europeos y estadounidenses a cambio de contar con un sistema de distribución muy controlado para asegurar que el medicamento no sea usado por mujeres embarazadas.
Para los medicamentos que hace tiempo están en el mercado y disponibles para tratamientos existentes, es más difícil reposicionarse. Los médicos y sistemas de salud pueden ignorar su obligación de prescribir la nueva versión más cara del desarrollador, en vez de prescribir versiones previas, más baratas.
Claudio Cavazza, el presidente de Sigma Tau, una compañía farmacéutica italiana, dice estar financiando algunas investigaciones de reposicionamiento de su propio bolsillo. Está convencido de que hay importantes beneficios médicos en muchos medicamentos existentes, pero no logra ver cómo su compañía recuperará los costos de los ensayos clínicos.
Merck recuperó con éxito una versión diluida de finasteride, utilizada para la dilatación de próstata, como tratamiento para la calvicie masculina.
Un estudio reciente de médicos británicos mostró que la aspirina podría ayudar a prevenir el cáncer. Pero sin un mayor apoyo gubernamental o cambios a las regulaciones existentes, el desarrollo comercial de nuevos usos para antiguas drogas podrían tener un alto costo.