martes, 22 de noviembre de 2016

Argentina: Medicamentos, cuando el usuario tiene el poder

Por: Carina Etchegaray., Clarin, 21 de noviembre de 2016

El mercado de medicamentos sin receta mueve en Argentina más de 12 millones de pesos por año. Qué factores inciden en la decisión de la compra, el rol del farmacéutico y de las redes sociales. Dr. Google y empoderamiento.
Los prospectos ayudan a despejar dudas sobre el uso correcto del medicamento de venta libre.
Los prospectos ayudan a despejar dudas sobre el uso correcto del medicamento de venta libre.

A lo largo de los últimos años, cada vez más personas son conscientes de la importancia del autocuidado de la salud. Cambios positivos en el estilo de vida, algunas campañas a nivel oficial, influencia de Internet y de los medios de comunicación fueron parte activa en ese proceso. En este contexto, ¿cómo se relacionan con los medicamentos de venta libre? ¿existe una actitud responsable sobre el consumo? ¿qué sucede con la automedicación?

Los números hablan por sí solos: en las 13.500 farmacias que existen en nuestro país por donde pasan 45 millones de personas por mes, uno de cada cuatro medicamentos que se expenden es de venta libre, lo que representa 12.441 millones de pesos por año.
Es decir que, uno de cada diez pesos gastados en medicamentos en Argentina van al segmento de venta libre, según surge de un estudio realizado por la consultora QuintilesIMS, especializada en brindar información y servicios tecnológicos al área farmacéutico en más de 100 países. En este punto, es importante diferenciar, según su forma de dispensación, las categorías de medicamentos.

En nuestro país, la Ley 14.463 establece que los medicamentos de venta libre son aquellos “destinados a aliviar dolencias que no exigen en la práctica una intervención médica y que, además, su uso – en la forma, condiciones y dosis previstas – no entrañan, por su amplio margen de seguridad, peligros para el consumidor”.
Diferente es el caso de los medicamentos que sí o sí deben venderse bajo prescripción y seguimiento médico que, según la peligrosidad de la droga, requieren de receta simple, archivada o por triplicado.

“Se debe entender un medicamento como un instrumento de salud y no como un bien de consumo, motivo por el cual su uso debe adecuarse a cada individuo. La automedicación responsable se contrapone a la autoprescripción, que corresponde al uso indiscriminado de medicamentos que, aun requiriendo de receta médica, se consumen sin indicación ni supervisión de un profesional”, explica Ricardo Papaleo, médico psquiatra especialista en adicciones y profesor de la Licenciatura en Psicología de la Fundación UADE.

Lamentablemente y aunque el Código Penal prevé sanciones para los farmacéuticos que vendan medicamentos prescriptivos sin receta, en la práctica esto sucede y resulta difícil de comprobar. Corticoides, insulina, antihipertensivos, antihistamínicos, analgésicos antiinflamatorios, anticonvulsionantes y hasta antibióticos, se consiguen muchas veces sin receta en ciertas farmacias y hasta por Internet.

Consultado al respecto, Rubén Sajem, presidente de la Sección de Farmacéuticos del Colegio Oficial de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Capital Federal (COFyBCF) explica que “cuando la gente solicita medicamentos sin receta, incluso muchas veces sin la información necesaria, o por recomendaciones de personas que no son profesionales, tenemos que entender que está requiriendo una atención sanitaria que no le ha sido brindada”.
“Esto está indicando un problema en el sistema de salud. Las farmacias son lugares de fácil acceso a la consulta, que están bajo la responsabilidad de un profesional universitario. Nosotros decimos, además, que son lugares amigables, donde se da el primer acceso a un profesional dentro de lo que es el sistema de salud. Es decir, cada farmacia es un lugar de acceso al sistema de salud formal”, continúa.


Detrás del mostrador
Hasta 2009, los medicamentos de venta libre podían elegirse libremente en las góndolas de la farmacia. A partir de ese año, en medio de algunas polémicas y luego de la sanción de la ley 26.567, esta categoría –que en inglés se conoce como over the counter (OTC) o arriba del mostrador- pasó del otro lado del mostrador, lo que obliga a tener que solicitarlos especialmente al agente de salud.
“En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por ejemplo, hasta ese momento, la gente adquiría algún analgésico o antiácido en otros pequeños establecimientos además de en farmacias, por cercanía, si no tenían cerca una farmacia de turno”, señala Jimena Worcel, psiquiatra y asesora médica de la Cámara Argentina de Productores de Especialidades Medicinales de Venta Libre (CAPEMVeL).

“La gente nunca acostumbró a pedir otra categoría -como antitusivos, cremas para los hongos de los pies (pie de atleta) o pediculicidas- fuera de las farmacias. Posiblemente haya habido un cambio el primer tiempo, unos meses, pero la necesidad no cambia, no vas a dejar de tener dolor menstrual porque tengas que adquirir un analgésico en farmacias”, resume.
Sin embargo, Worcel también da cuenta de una realidad: “En Argentina, la gente puede comprar medicamentos de venta bajo receta -como anticonceptivos, antinauseosos o antimigrañosos – o inclusive de receta archivada, como los antibióticos- en farmacias, sin presentar la receta”.

“Esta práctica, que ocurre a diario no sólo confunde, porque gracias a eso se cree que muchos medicamentos de venta bajo receta son de venta libre, sino que además es muy peligrosa. Todos los medicamentos que requieren de al menos una receta para ser adquiridos deben tener supervisión médica, siempre. Pero hay poco control y sanción sobre ese hecho”, subraya.
Desde la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud, José Luis Castro, asesor en Uso Racional de Medicamentos, advierte que “el hecho de que los medicamentos de venta libre sean dispensados por un farmacéutico contribuye a una mejor información respecto de dosis, precauciones y tiempo de uso”.
“Además, hace posible responder con conocimiento algunas dudas que pueda presentar la persona. Todo medicamento, aunque sea de venta libre, tiene un efecto sobre síntomas y eventualmente, también, puede generar reacciones adversas”, advierte.

Tiempo de decidir
Cuando el paciente se acerca a la farmacia para comprar un medicamento de venta libre, varios factores influyen en la decisión final. “En general, existen tres mecanismos. El primero, es la información a través de Internet. El Dr. Google, como solemos decir, es una fuente de asesoramiento, y muchas veces preguntan directamente por el principio activo, conocen cómo funciona el ibuprofeno o el diclofenac”, subraya Juan Manuel Santa María, Consulting & Services Director de QuintilesIMS.
“Otras veces preguntan por una marca, porque la conocen, ya la consumieron o se las recomienda un familiar o un amigo, o, por último, suelen explicar directamente el síntoma. Es entonces cuando el agente de salud tiene más acción sobre la recomendación, sobre las indicaciones de, por ejemplo, si se está consumiendo algún otro medicamento, puede advertir sobre el uso prolongado, entre otros temas”, concluye.
La farmacia es, muchas veces, el primer lugar de consulta.
La farmacia es, muchas veces, el primer lugar de consulta.
Conscientes del rol que deben asumir los farmacéuticos y bajo el lema “Farmacias Amigables”, el Dr. Sajem, advierte que diariamente “recibimos consultas acerca de analgésicos que contienen paracetamol, o ibuprofeno, antigripales que contienen fenilefrina y otros que pueden representar peligro para personas hipertensas”, subraya.
Y agrega: “También surgen preguntas sobre antiespasmódicos con hioscina o aspirina, ya sea como analgésico o para la prevención de afecciones cardíacas, y sobre muchos otros principios activos. Siempre hay que asesorar en relación a cada producto, cada dosis, cada situación y de acuerdo a las condiciones de cada paciente en particular”.
En tanto, para Worcel, “existen estudios realizados en el pasado que sugieren que el árbol de toma de decisión para utilizar un medicamento de venta libre es variado, las situaciones más frecuentes se relacionan a la experiencia previa de uso, la recomendación de gente del entorno, a veces de un médico, y en ocasiones de lo visto en publicidades. Las sugerencias de farmacéuticos se han visto más frecuentemente relacionadas a la consulta sobre precios”.
¿Qué principios activos son los más consumidos? El ibuprofeno, el paracetamol combinado, el ácido acetilsalicílico y el paracetamol, en este orden, encabezan el ranking, de acuerdo a los datos aportados por QuintilesIMS. Tratamiento del dolor y la fiebre constituyen los medicamentos de venta libre más elegidos en las farmacias.
Más controles
Para mejorar los controles sobre el uso indebido de los medicamentos sin receta, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) creó, en septiembre pasado, el Programa de Especialidades Medicinales de Condición de Venta Libre que estará a cargo del Instituto Nacional de Medicamentos (INAME).
Este organismo, entre otros puntos, se ocupará de “la integración, interacción y participación de las áreas técnicas con el área de monitoreo y fiscalización publicitaria de productos para la salud”.
Además, se propondrán y elaborarán “materiales de difusión y comunicación para la población en general en consonancia con los criterios de la Dirección de Relaciones Institucionales y Regulación Publicitaria”, tema este último que muchas veces despierta controversias.
“Es el primer país de la región en implementar una idea tan innovadora. Sin dudas, se trata de una política de medicamentos de venta libre que mostrará beneficios para todos los involucrados, y que hará foco en las personas, es decir, en los usuarios de estos medicamentos”, opina Worcel.


La salud, un derecho
Con formato más amigable, gracias a la disposición de la ANMAT 753/12, los prospectos suelen –deberían, en realidad- ayudar a despejar interrogantes sobre el consumo correcto del medicamento de venta libre. Deben ser “fácilmente comprensibles, a los fines de ayudar a disipar dudas”, según expresa la disposición. Sin embargo, no siempre la gente los lee, los entiende o los respeta.
También en relación a las redes sociales y el poder que va ganando el usuario de medicamentos, las compañías prestan especial atención a las opiniones que se vierten en foros y otros canales cibernéticos. A través de los social media listening, como se llama este fenómeno, se enteran sobre comentarios adversos, usos no deseados, comprensión del prospecto y otros ítems de interés. Toman nota y los aplican en futuros lanzamientos.
El paciente-cliente es quien tiene la decisión final respecto de la compra y luego del uso correcto de estos medicamentos. Y es allí donde hay que hacer foco para concientizar sobre la importancia del autocuidado de la salud.

Vivimos en tiempos de inmediatez, la tendencia es resolver todo “ya”, sin capacidad ni posibilidad de espera, lo que transforma en enfermedad procesos cotidianos de la vida tales como la angustia, la tristeza, el duelo o el insomnio, el dolor y el malestar. “Se desemboca, así, en la búsqueda de una solución cosmética a problemas existenciales por una baja tolerancia a la frustración, que favorece el uso indebido de medicamentos”, explica Papaleo.
Aprender a autocuidarse es tener la sabiduría de buscar formas de lograr una buena calidad de vida, de no poner en riesgo la salud física ni mental por no prestar atención a las propias necesidades, de descanso, diversión y bienestar en general. “No se protege lo que no se valora. Por eso, la familia y la escuela también deben enseñar a proteger y respetar la salud. Comenzar desde los niños es una buena medida”, dice el psiquiatra. En síntesis, el uso responsable de los medicamentos es sinónimo de salud. Y lograrlo, está en nuestras manos.