jueves, 3 de septiembre de 2009

Reforma del sistema de salud norteamericano parece naufragar ante el poder de aseguradoras y farmacéuticas.

Publican acuerdo secreto de farmacéuticas con la administración Obama
Las similitudes con el caso colombiano son evidentes

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Por Tatiana Samay Andia Rey
Federación Médica Colombiana


1. El aumento de los costos del sistema norteamericano es insostenible y urge una reforma

Uno de los temas más debatidos de la reforma al sistema de salud estadounidense ha sido el de la financiación. No la financiación de la reforma como tal, que a algunos preocupa, sino la financiación del sistema en general, que es considerada uno de los mayores detonantes de la crisis que vive la salud actualmente en los EE.UU. y que hace tan urgente una reforma.

En efecto, y como lo muestra un informe preparado por la administración Obama al respecto, "Estados Unidos gastó aproximadamente US $2.2 billones en asistencia médica en 2007, o US $7.421 por persona. Esto equivale al 16.2% del PIB, casi el doble del promedio de otras naciones desarrolladas". Adicionalmente, "los costos de asistencia médica se duplicaron entre 1996 y 2006, y se proyecta que aumentarán hasta llegar al 25% del PIB en 2025 y al 49% en 2082"[1].

La Casa Blanca ha expresado que la reforma al sistema de salud está orientada por ocho principios básicos, a saber:
- Reducir el crecimiento a largo plazo de los costos de la asistencia médica para las empresas y el gobierno
- Proteger a las familias de la bancarrota o de las deudas causadas por costos de asistencia médica
- Garantizar la elección del médico y de los planes de salud
- Invertir en prevención y bienestar
- Mejorar la seguridad para el paciente y la calidad de la asistencia
- Garantizar una cobertura médica asequible y de gran calidad para todos los estadounidenses
- Mantener la cobertura cuando una persona cambia de empleo o lo pierde
- Eliminar los obstáculos para la cobertura de personas con afecciones médicas preexistentes

De estos ocho principios al menos 3 tienen que ver directamente con la estructura de costos del sistema de salud y su financiamiento, ya que el aumento excesivo de los costos se ha canalizado principalmente de dos formas que van en detrimento de los más débiles participantes del sistema (i.e. las pequeñas empresas y los hogares):

- A través del aumento de las primas que pagan los empleadores, que termina afectando la competitividad de las empresas, pero sobretodo de las más pequeñas. En efecto, las primas de seguro de salud subsidiadas por el empleador han aumentado más del doble en los últimos 9 años, un crecimiento 3 veces más rápido que el incremento salarial acumulativo[2].

- A través del incremento en el valor de los deducibles, copagos y del porcentaje de conceptos que deben ser gasto de bolsillo de los hogares. De hecho, el deducible promedio para una familia de pequeña empresa aumentó 64% en sólo dos años, pasando de US $1,439 a US $2,367. Por su parte, los costos del propio bolsillo subieron aún más bruscamente, con un incremento del 30 por ciento, de un promedio de $2,827 en 2001 a $3,744 en 2006[3].


2. Las aseguradoras y las farmacéuticas son las mayores responsables de costos injustificados y representan el mayor obstáculo para la Reforma

El incremento permanente y exagerado de las cuentas de salud ha sido explicado por múltiples factores, pero sin duda el incremento en los costos asociados a la administración hecha por las aseguradoras y a la compra de medicamentos han sido los que mayor controversia han causado.

En su propuesta de campaña, Obama identificó las acciones anticompetitivas de la industria farmacéutica y de las compañías aseguradoras como uno de los principales causantes de los sobrecostos para el sistema, y manifestó expresamente que "no es justo que las familias Americanas estén pagando primas astronómicas mientras las compañías farmacéuticas y de seguros disfrutan records en sus utilidades"[4].

La situación de los medicamentos en particular es apremiante, si consideramos que constituyen la segunda causa más importante del incremento acelerado de los costos del sistema de salud norteamericano, y que en EE.UU. se puede pagar en promedio hasta 67% más que en otros países desarrollados por los mismos productos[5].

Es por eso que, frente a los elevados costos farmacéuticos, el actual presidente proponía en su campaña tres alternativas:

- Por un lado, permitir las importaciones paralelas de países con menores precios e iguales garantías de seguridad;
- Por otro lado, evitar que las compañías farmacéuticas limitaran la entrada de alternativas genéricas al mercado; y
- Por último, permitir que el programa Medicare negociara mejores precios de medicamentos.

Casi proféticamente, la misma propuesta de campaña resaltaba que tanto las aseguradoras como las compañías farmacéuticas, responsables de los mayores incrementos en los costos injustificados, "se benefician del status quo y en muchos casos representan el mayor obstáculo para la reforma"[6].


3. El primer semestre de 2009 las grandes farmacéuticas (big pharma) destinaron más de 13 millones de dólares al "lobby" y lograron un acuerdo secreto con la administración Obama

Y en efecto, la industria farmacéutica ha invertido toda su energía en influenciar el proceso de reforma, y definitivamente tiene suficientes recursos para hacerlo. Basta con conocer las cifras que PhRMA (Pharmaceutical Research and Manufacturers of America), la organización que representa los intereses de la industria farmacéutica de investigación en los Estados Unidos, ha destinado al lobby en lo corrido del año 2009.

Efectivamente, según un artículo del Washington Post al respecto, PhRMA reportó haber destinado US$ 6.2 millones al lobby en el segundo trimestre del 2009. Esta cifra, sumada a los US$ 6.9 millones del primer trimestre del año, implica un aumento de más del 50% frente al mismo período del año pasado en el que dicha organización había destinado US $ 8.6 millones al lobby[7].

Así mismo, la compañía GlaxoSmithKline reportó un gasto en lobby de US $1.8 millones en el primer trimestre y de otros US $2.3 millones entre abril y junio. Por su parte, Novartis reportó gastos por el mismo concepto de US $1.4 millones en el primer trimestre y de US $1.8 millones en el segundo, y Bayer Corp. Mantuvo los US $2 millones de lobby en ambos trimestres[8].

Es así como, en días pasados la industria farmacéutica protagonizó uno de los escándalos más sonados de la Casa Blanca, al hacerse público un acuerdo secreto entre dicha industria y el gobierno de Barack Obama. Aunque las partes dicen que el reporte a la prensa no es exhaustivo, en el memorando interno que se hizo público hace una semana, PhRAMA se compromete a reducir hasta en US$ 80 billones (pero no más) los costos proyectados a 10 años, a cambio de que la Casa Blanca se abstenga de hacer futuras negociaciones para bajar los precios en el Medicare (parte D y parte B) y que se oponga a las importaciones paralelas[9].

El acuerdo, sin duda, contradice varias de las aseveraciones del presidente en su campaña, ya que éste se había comprometido a forzar a la industria a negociar mejores precios, a permitir las importaciones paralelas desde Canadá, y sobre todo, a realizar acuerdos de este tipo a la luz pública y no en privado.


4. Los gigantes farmacéuticos (big pharma) quieren más: Protección de datos de prueba de 12 años para medicamentos biotecnológicos y barreras tecnológicas para frenar la competencia de "biosimilares"

Pero mientras el debate se enfoca en el mencionado acuerdo de los US $ 80 billones, la industria avanza su agenda paralelamente y presenta una propuesta de acuerdo ante el congreso, que aunque ha generado debate, ha tenido mucha menos visibilidad que otros asuntos de la reforma.

Esta propuesta, sin embargo, podría poner en riesgo la viabilidad de la reforma misma si tenemos en cuenta que podría generar nuevos sobrecostos astronómicos para el sistema, y que, de nuevo, va completamente en contravía de lo propuesto por Barack Obama en su campaña.

La propuesta consiste en proteger por un período no inferior a 12 años los datos de prueba del los productos biotecnológicos. A pesar de la posición del presidente, que manifestó que 7 años era ya una protección generosa, y de la Comisión Federal para el Comercio, que sugirió que no debería haber protección en absoluto[10], la propuesta va bien en el congreso y podría ser aprobada.

Los medicamentos biotecnológicos, como ya lo hemos manifestado en otros boletines, representan la nueva apuesta de la industria farmacéutica, en la que están cifradas sus esperanzas de futuras utilidades. Pero además estos medicamentos ya tienen en jaque a buena parte de los sistemas de salud por sus excesivos costos.

El sistema norteamericano no es la excepción, si tenemos en cuenta que los medicamentos biotecnológicos cuestan en promedio 22 veces más que los productos farmacéuticos convencionales de marca, y que en algunos casos el tratamiento por paciente con estos medicamentos puede superar los US $ 100.000 al año[11].



5. Las similitudes con el caso colombiano son evidentes:
La experiencia norteamericana no está para nada alejada de nuestra realidad si miramos las trabas a las que se han enfrentado y el limbo en el que se encuentran las medidas para acatar la sentencia 760 de la Corte Constitucional. Así mismo, vale la pena recordar que hace solo unos cuantos meses en nuestro país se discutía una normativa que todavía está pendiente de aprobación y que buscaba exactamente lo mismo que su homónima americana, hacer más estrictos los requisitos de registro para los productos bio-similares extendiendo así los privilegios monopólicos de la industria farmacéutica transnacional.

Así mismo, y al igual que en Estados Unidos, los colombianos estamos pagando por los medicamentos significativamente más que el resto de la región latinoamericana, como lo muestra el informe de AIS-HAI y la propia Circular 02 de 2009 de la Comisión Nacional de Precios de Medicamentos con el caso del Kaletra.

Más aun, no sería para nada exagerado afirmar que nos encontramos en un dilema similar al norteamericano y que, como ya lo hemos denunciado en este boletín en múltiples ocasiones, la suma entre desregulación, desinformación y protección de propiedad intelectual para preservar las ganancias de unos pocos, amenazan con hacer insostenible el sistema de salud colombiano privando a muchos del derecho fundamental a la salud.



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[1] “The costs of INACTION. The urgent need for Health Reform” en http://www.healthreform.gov/reports/inaction/inactionreportprintmarch2009.pdf
[2] “Helping the bottom line. Health Reform and small business” en http://www.healthreform.gov/reports/helpbottomline/helpbottomline.pdf
[3] “Hidden costs of Health Care: why Americans are paying more but getting less” en http://www.healthreform.gov/reports/hiddencosts/hiddencosts.pdf
[4] “Barack Obama and Joe Biden’s plan to lower health care costs and ensure affordable, accessible health coverage for all” en http://www.barackobama.com/pdf/issues/HealthCareFullPlan.pdf
[5] Uno de los estudios a este respecto muestra que para 2003 y una muestra de 30 medicamentos líder los precios eran 52% más bajos en Canadá, 59% más bajos en Francia y 47% más bajos en el Reino Unido. (en G. F. Anderson, D. G. Shea, P. S. Hussey et al., “Doughnut Holes and Price Controls,” Health Affairs Web Exclusive (July 21, 2004):w4-396–w4-404)
[6] “Barack Obama and Joe Biden’s plan to lower health care costs and ensure affordable, accessible health coverage for all” en http://www.barackobama.com/pdf/issues/HealthCareFullPlan.pdf
[7] “Lobbyists spend millions to influence Health Care”, The Washington Post, July 21, 2009.
[8] Ibid.
[9] Copia del memorando se encuentra en artículo del Huffington Post del pasado 13 de agosto. http://www.huffingtonpost.com/2009/08/13/internal-memo-confirms-bi_n_258285.html
[10] Los reportes de hecho indican que la competencia de seguidores biotecnológicos es deseable para proteger a los consumidores. Vea los reportes de la Federal Trade Commission en http://www.ftc.gov/opa/2009/06/biologicdrugs.shtm
[11] “Guest editorial: Big Pharma wants to keep monopoly” By Sarah Rimmington and Robert Weissman, The Tennessean, August 28, 2009. En http://www.tennessean.com/article/20090828/