jueves, 28 de mayo de 2009

Las farmacéuticas seducen a médicos

A cambio de promover sus productos, farmacéuticas ofrecen a los profesionales de la salud viajes pagados y otros “regalos”, lo que crea una relación que causa daños económicos al sistema de sanidad, afecta a pacientes y compromete la ética

Thelma Gómez Durán
El Universal Martes 26 de mayo de 2009

Todos los días, una parvada de visitadores médicos de las compañías farmacéuticas recorre —con sus voluminosos maletines repletos de muestras— hospitales, consultorios y clínicas, cortejando a los médicos. Dedicados a promocionar medicamentos, son el rostro zalamero de una relación tan estrecha como subrepticia entre la industria farmacéutica y el gremio médico, una suerte de idilio que causa daños económicos al sistema público de salud, afecta a los pacientes y compromete la ética profesional.

Médicos entrevistados aceptan que las compañías les obsequian desde muestras de fármacos, plumas y kits para escritorio, hasta instrumental, aparte de financiarles viajes a congresos y simposios a través del mundo. Es la “cultura del patrocinio”.

La Fundación Henry J. Kaiser Family, dedicada al análisis de las políticas de salud en Estados Unidos, encontró que 92% de los médicos en aquel país recibe muestras gratuitas de fármacos, y 61% es invitado a comidas y recibe entradas para espectáculos o viajes con todo pagado.

En México no existen estadísticas, pero sí indicios de esa convivencia. El pediatra Alfredo de Legarreta, por ejemplo, acepta que cada mes recibe en su consultorio privado a cerca de 120 visitadores, y anualmente asiste a 10 o 12 congresos “patrocinados por las farmacéuticas”. Desde que comenzó a ejercer, hace 26 años, es así. “Hace 10 años llegaban a plantear que si expedíamos un número determinado de recetas de tal producto, nos daban las llantas del coche o muebles para la casa. Ahora sólo una compañía pide 100 recetas para patrocinar un viaje al extranjero”.

Las restricciones comenzaron hace dos años, evoca, por la crisis económica mundial y las campañas contra estas prácticas, emprendidas por organizaciones en Estados Unidos y Europa. Los obsequios ya no son llantas, sino estetoscopios, estuches de diagnóstico o básculas; “los visitadores nos dicen: ‘Ya sabemos que contamos con su apoyo’”. En cuanto “a los congresos internacionales, sólo invitan al médico, ya no podemos ir acompañados. Hay congresos nacionales en los que puedo llevar a mi esposa”.

Recibir muestras médicas es una vieja práctica. De acuerdo con la organización estadounidense Prescription Project, cada año la industria farmacéutica invierte 18 mil millones de dólares en muestras de medicamentos y cerca 7 mil millones de dólares en otras técnicas de marketing.

“Muchos regalamos el tratamiento a pacientes que no tienen recursos, pero también hay quien sólo da algunas para que el paciente inicie el tratamiento. Es una forma de engancharlo con el fármaco. Finalmente, ese es el objetivo del laboratorio al regalarlas”, dice De Legarrete, para quien, en última instancia, cada médico decide si un obsequio o un viaje afectará su forma de prescribir un fármaco. “Tristemente, hay quienes prescriben los medicamentos para obtener patrocinios de las empresas”.



Lo mismo, pero más caro

Evitar que los visitadores médicos accedan a los hospitales públicos es “enfrentar una batalla campal, porque al final se cuelan o esperan a los médicos afuera de los hospitales”, dice Carmen Soler Claudín, académica del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM y quien dirigió la Clínica de Especialidades Condesa (del gobierno del Distrito Federal), dedicada a la atención de personas con VIH.

“Cada uno de los laboratorios tenía un representante para esa clínica; ahí se pasaban todo el día”, recuerda la investigadora, quien llegó a devolver boletos de avión enviados por las farmacéuticas a médicos de esa institución. También dice que los visitadores negociaban que por cada 40 o 50 pacientes sumados a un esquema de tratamiento propuesto por un laboratorio, se pagaba un viaje para asistir a un congreso internacional.

Estas prácticas, en su opinión, tienen consecuencias en los pacientes, pues “el médico puede dejar de considerar las necesidades reales de los pacientes y recetar fármacos que en ocasiones no son los más adecuados”. Además, afecta económicamente al sector salud, porque “los laboratorios hacen grandes campañas para introducir sus nuevos medicamentos, aunque sean más caros.

En el caso del VIH, por ejemplo, hay fármacos que sirven para lo mismo, pero tienen una diferencia en el costo de hasta cinco veces”.

La industria farmacéutica no sólo invierte fortunas en ganar el corazón de los médicos. Enfoca campañas en los pacientes, asegura la doctora Soler Claudín, al grado de financiar organizaciones de personas con VIH, cáncer u otras enfermedades, con viajes a congresos donde se presentan los nuevos desarrollos farmacéuticos. Después, “cuando los pacientes llegan con el médico, exigen que se les recete la última novedad”.

Recuerda que un paciente presentó una queja en su contra ante la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, porque “no le quise dar el tratamiento que me exigía. Al final, la comisión me dio la razón”.



Industria aprovecha el vacío estatal

Sin los patrocinios de la industria farmacéutica, para muchos médicos sería imposible asistir a congresos para su actualización, afirma Luis Soto Ramírez, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. El problema es cuando una misma empresa “te invita a cinco congresos en un año; eso ya no es un estímulo educativo”.

Organizaciones civiles como la española No Gracias (que está contra estas prácticas de cooptación) señalan que la escasa inversión estatal en educación continua es un factor que aprovechan las farmacéuticas para imponer la cultura del patrocinio. “Es cierto que el sector salud debería pagar la educación médica continua, pero en los países latinos no hay recursos suficientes para eso”, añade Soto Ramírez, quien considera que lo sano sería una ley que transparente tales prácticas.

En una conferencia de prensa (noviembre 2008), José Ángel Córdova Villalobos, secretario de Salud, declaró que serían “más vigilados” los médicos y servidores públicos que investiguen para laboratorios o reciban financiamiento para asistir a congresos. “Todo esto debe estar transparentado... para evitar cualquier sospecha de duda de que puede favorecer la prescripción de X o Z medicamento por un factor diferente a su utilidad”.

Hasta ahora, la única disposición —de acuerdo con los médicos entrevistados— es un oficio que prohíbe la entrada de los visitadores médicos a hospitales públicos, quienes “aún entran, casi de contrabando”.



Regalitos y regalotes

La Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica tiene un Consejo de Ética y Transparencia, cuyo presidente, Benito Bucay, no respondió a una petición de entrevista sobre el “Código de Buenas Prácticas de Promoción de la Industria Farmacéutica establecida en México”, que data de 2005 y apela a la “autorregulación” de la industria.

El código impone que “en ningún caso se podrá ofrecer a los profesionales de la salud artículos de valor significativo ni incentivos de ninguna índole para que usen, prescriban, compren o recomienden un producto o influyan en el resultado de un estudio clínico”. Establece que un artículo es “de poco valor” cuando no supera los 10 salarios mínimos diarios vigentes en el Distrito Federal y, en consecuencia, puede ser ofrecido. Exceptúa el material científico, “siempre y cuando el valor sea menor a 40 salarios mínimos diarios”. Si algún laboratorio viola las normas, contempla multas de 250 a 10 mil salarios mínimos.

Aliza Chelminsky, directora de Asuntos Corporativos de Pfizer, dice a EL UNIVERSAL que las farmacéuticas contribuyen a la formación de los profesionales de la salud al invitarlos a congresos, y para evitar “excesos como los que había en épocas pasadas” está el código ético. Coincide Jorge Escudillo, gerente nacional de Ventas y Promoción de Eli Lilly México, empresa con 350 visitadores y la única que entrega una carta a los profesionales de la salud notificándoles que su aceptación de asistir con patrocinio a un congreso no establece compromiso alguno de prescribir sus fármacos.



¿Un obsequio, un viaje? “No, gracias”

La cultura del patrocinio es objetada por agrupaciones profesionales. En España, miembros de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública fundaron, en 2008, No Gracias (www.nogracias.eu), como parte del movimiento No Free Lunch, surgido en Estados Unidos.

Esta iniciativa critica que muchos profesionales de la salud consideren “normal” recibir regalos y viajes de las farmacéuticas, y persigue incidir en el cambio de estas relaciones “distorsionadas”.

Los principios de No Gracias son independencia y ética profesional; transparencia; acceso a una información veraz; formación independiente; rechazo de regalos; compromiso con la viabilidad del sistema de salud, al promocionar el uso racional de medicamentos, y la prescripción de genéricos.

Entrevistado ex profeso, Carlos Ponte, jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Central de Asturias, y coordinador de No Gracias, afirma que atrás de la relación entre farmacéuticas y médicos hay un problema político, porque en muchos países no existen leyes que regulen estas prácticas y en donde sí las hay no se aplican.

“Esta industria tiene un gran poder y lo ejerce a través de su influencia sobre políticos, organismos reguladores encargados de aprobar los nuevos medicamentos, médicos, sociedades médicas, revistas médicas y, finalmente, sobre los ciudadanos”, señala.

De acuerdo con No Gracias, esta industria gasta en publicidad 31% de su presupuesto, mientras que a investigación destina 14%, y buena parte de esa publicidad “es información sobrevalorada de nuevos medicamentos, porque 80% de éstos no aporta nada nuevo”. Ponte resalta que “cada vez se gasta más en medicinas y menos en prevención, salud pública, contratar más personal para el sistema sanitario o aumentar salarios a los médicos”.

Su cruzada puede compararse, acepta, con la lucha de David contra Goliat, pero es optimista: la campaña de No Free Lunch en EU ya logró que estados como Vermont, Maine y Virginia del Oeste, adopten leyes que obligan a farmacéuticas a informar sobre los obsequios que realizan a los médicos. “Es un gran avance”.