miércoles, 16 de diciembre de 2009

Patentes transnacionales: Una guerra difícil de silenciar

KAOSENLARED.NET 16.12.09 -

En 1996, el 14,9% de los habitantes de Norteamérica, Europa y Japón, pasaron a consumir el 80% de la producción mundial de fármacos. (Antonio Romero Gómez, investigador del SELA).



En noviembre de 2006, los laboratorios transnacionales encabezados por Bayer introdujeron 20 acciones judiciales contra la importación de materia prima, fabricación, comercialización y distribución de medicamentos en Venezuela. El hecho no fue noticia de primera página, a pesar de que nuestro país, comprometido a fondo con programas gratuitos de salud como Barrio Adentro, importa casi la tercera parte de los $3.5 millones en medicamentos que compra toda Latinoamérica. La "noticia" fue que los productores nacionales vendieron el antibiótico genérico Moxifloxacina 50% por debajo del precio de mercado, porcentaje que, en teoría, le correspondía a Bayer, de haber tenido la exclusividad en la venta del medicamento, ilegalmente patentado, según revelaron en rueda de prensa el ministro de Comercio, Eduardo Samán, y la Cámara Nacional de Medicamentos Genéricos y Afines (Canamega). Casi un mes después del episodio, los medios no han divulgado el nombre y número de los laboratorios, ni identificado los tribunales donde accionaron, y mucho menos los alegatos esgrimidos por las transnacionales. Una omisión extraña, de acuerdo a principios elementales de investigación periodística, pero explicable si consideramos que Bayer, la principal fuente de información, insiste en no dar la cara y opina, siempre bajo presión, por la vía del anonimato. “Nada de lo que se dijo en esa rueda de prensa se corresponde con hechos reales”, manifestó una fuente que prefirió reservar su identidad, según el diario El Universal (21-11-09)



El monopolio en familia

En realidad, las transnacionales sólo confían en sus propios medios especializados. Por esos mismos días, el portal en inglés Pharma Times, habitual vocero de las multinacionales farmacéuticas, reportó que, según Arlen Piñate, directora del SAPI, fueron “anuladas” dos patentes propiedad de Bayer. Obviamente, la noticia era falsa (al menos hasta ese momento la anulación permanecía en fase de tramitación) pero tuvo la virtud de generar expectativas contra los gobiernos que, con sobrados motivos, se niegan a flexibilizar el otorgamiento y uso de patentes farmacéuticas extranjeras.

En opinión de expertos independientes y numerosas organizaciones no gubernamentales, el monopolio de la producción y comercialización a través de las patentes locales, equivale, en términos globalizados, a restringir el libre acceso a los medicamentos estratégicos. En 1996, el 14,9 % de los habitantes de Norte América, Europa y Japón, pasaron a consumir el 80 % de la producción mundial de fármacos, de acuerdo a un informe de Antonio Romero Gómez, investigador del Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA).

Tras una ruidosa tormenta mediática, las patentes transnacionales perdieron toda credibilidad en Europa y Estados Unidos, al no poder justificar sus exageradas ganancias ni la exclusión de varios millones de consumidores. Aleccionadas y conscientes del terreno perdido a nivel de la opinión pública, las transnacionales protagonizan ahora una acción agresiva, persistente, silenciosa y calculada, de muy bajo perfil, en los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, donde las legislaciones suelen ser tan vulnerables como las economías. Hasta donde se conoce, la estrategia fue inaugurada en 2004, -aunque con fines mucho más ambiciosos- por alguien que tuvo que ver bastante con la tormenta mediática en Europa y Estados Unidos: el entonces presidente de Delta & Pine Land, Murray Robinson, cabeza del proyecto “Terminator”, (ya aprobado oficialmente por Estados Unidos) una tecnología de semillas estériles genéticamente manipuladas que, de ser patentada en el resto de los países, permitirá “encender”, “apagar” o extinguir a conveniencia la producción agrícola de los países pobres, a menos que éstos se ajustena sus reglas, advierte el analista de políticas de comercio y alimentación Devinder Sharma, en un trabajo publicado en la página de Internet nuevomedio.com. Robinson apostó sin riesgos, según sus propias palabras: “Esperamos (que nuestra tecnología) tenga implicaciones globales, especialmente en mercados o países donde las leyes de patentes son débiles o no existen”.



Entre la ganancia y la ética

La salud es apenas la punta del iceberg. “Lo que está en juego es la supervivencia de la gente, nuestra soberanía alimentaria, la integridad de la creación, las libertades democráticas de agricultores y consumidores. La alternativa que enfrentamos es el bio- imperialismo o la bio-democracia”, sentencia Vandana Shiva, escritora y activista social de India. Es difícil creer que las transnacionales tienen respuestas éticas, a juzgar por el pasado de algunas de ellas. El capitán de las S.S., Helmuth Vetter, condenado a muerte en el juicio de Nürenberg por experimentar con detenidos, era ejecutivo de Bayer. (Bayer. De cruz gamada a cruz verde, Editorial cbgnetwork.org) y Monsanto inventó el “agente naranja”, utilizado por Estados Unidos en la guerra de Vietnam. Los antecedentes dejan claro que las muertes “científicas” –las de ayer y las de hoy- hacen sonar las cajas registradoras de las transnacionales.