Deborah Maniowicz, Revista Veintitrés,
1 de octubre 2014
Para subir el ánimo, para bajarlo, para dormir, para
despertarse y hasta para tener sexo hay una pastilla adecuada. Los
riesgos de la automedicación aun en los suplementos dietarios. La
opinión de los especialistas.
–¿Cuál es su sueño? –le preguntó un reportero en los ’80
a Henry Gadsden, ex director de la compañía farmacéutica alemana
Merck.
–Producir medicamentos para personas
sanas y así venderlos a todo el mundo.
Diego es el sueño de Gadsden hecho
realidad. Cuando tenía ocho años, se destacaba en el colegio por
ser el chico más travieso del grado: jamás prestaba atención, era
ansioso y por momentos se tornaba agresivo. Preocupados, sus padres
consultaron a un especialista que les recomendó darle Ritalin
(metilfenidato, MFD) –el psicoestimulante indicado para tratar
especialmente trastornos de aprendizaje por déficit de atención–
y el chico aprendió que para portarse bien o que le vaya bien en la
escuela tenía que tomar una pastilla todos los días. Como apenas la
tomó unos meses y su cuerpo recibió bien la droga, Diego evitó los
efectos secundarios: anorexia, reducción de altura, insomnio, tics,
agresividad, depresión, taquicardia, náuseas y cambios en la
presión sanguínea. Cuando cumplió 16 llevaba un año de novio y
con su pareja decidieron tener sexo. Pero la erección falló y ante
la burla de sus compañeros le robó a su papá una pastilla de
Viagra (sildenafil) que encontró en el botiquín del baño. La
experiencia fue tan buena que la pastilla del deseo se volvió una
constante. A los 17 llegó el tan esperado viaje de egresados, pero
como Diego les tiene fobia a los aviones, sus padres le dieron “un
cuartito” de Rivotril (clonazepan) y el aéreo fue un trámite.
Hoy Diego tiene 37 años,
administra una pyme, está casado y tiene tres hijos. Es considerada
una persona “sana” y no toma medicamentos de forma periódica
salvo su aspirinetas diaria, porque escuchó en la televisión la
publicidad que dice: “Te levantaste, te afeitaste, te lavaste los
dientes. Pero, ¿ya tomaste tu aspirinetas de hoy? Con una
aspirinetas diaria podés prevenir 1 de cada 3 infartos ante factores
de riesgo como tabaquismo, sedentarismo y obesidad”. Y Diego no
quiere morirse de forma súbita.
Según cifras del Observatorio de
la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), en el mes de julio
se vendieron 4.560 cajas más (1,5%) de remedios para la disfunción
eréctil que el promedio mensual del último año; 47.840 unidades
más (4,1%) de tranquilizantes; 55.063 unidades más (7,3%) de
antidepresivos y 27.581 (6,2%) de antipsicóticos. A simple vista,
estos porcentajes no parecen tan importantes, pero hay que tener en
cuenta que se trata sólo de la variación de un mes del año, por lo
que si la tendencia se mantiene podríamos hablar de incrementos en
la venta de estos psicofármacos de entre un 18 y un 88 por ciento
anual.
El promedio de vida cada vez es
mayor pero, ¿cuál es el costo de sobrellevar la existencia? Los
expertos dicen que la felicidad química llegó para quedarse.
Existen pastillas para dormir, bajar la ansiedad, disminuir el
estrés, perder peso y tener buen sexo. Con un puñado de píldoras
uno puede convertirse en lo que siempre soñó: una bestia sexual, el
rey de la fiesta o alguien con la confianza necesaria para asumir
cualquier reto. Pero, ¿qué tan real e inofensiva es la felicidad
química?
Es indiscutible que los
psicofármacos significaron un gran avance científico y el peligro
no reside en la droga en sí, sino en el uso indebido de estos
medicamentos. La automedicación puede generar dependencia
psicológica o, incluso, adicción. Si se sabe que con una pastilla
se concilia el sueño rápidamente, quizá mañana a la media hora de
dar vueltas se vuelva a acudir a la píldora.
Enrique Casal, director de Casa
Médica Centrada en el Paciente, explica que “los psicofármacos
que generan placer son adictivos, provocan la necesidad de volver a
utilizarlos. Los médicos no tienen que comportarse como despachantes
de recetas sino buscar lo mejor para cada paciente. Mucha gente va al
médico o a la farmacia como va al shopping. Somos la piedra inicial
de pacientes adictivos”.
Según Marcelo Cetkovich Bakmas,
jefe del Departamento de Psiquiatría de Ineco y del Instituto de
Neurociencias de la Fundación Favaloro, “el abuso de antibióticos
produce resistencia terapéutica complicando severamente el
tratamiento de los cuadros infecciosos. En el caso de los
psicofármacos, los riesgos de la automedicación tienen que ver con
la posibilidad de desarrollar una conducta adictiva, la cual se da
sobre todo con los ansiolíticos. Estos medicamentos experimentan una
gran tendencia al uso no supervisado, justamente por su gran eficacia
para controlar los síntomas de la ansiedad. No es bueno medicalizar
los avatares de la vida, pero no hay duda de que este grupo de
medicamentos producen alivio sintomático a una enorme cantidad de
personas que padecen trastornos. El uso abusivo y sin control puede
producir trastornos cognitivos, siendo este el principal riesgo.
Sabemos que en nuestro país el uso de psicofármacos, sobre todo
benzodiazepinas ansiolíticas, es muy alto”.
Todos los psicofármacos –antidepresivos, ansiolíticos,
antipsicóticos y estabilizadores del estado de ánimo– actúan
sobre manifestaciones cognitivas, emocionales y conductuales.
Respecto de por qué el cerebro busca ayuda, el neurólogo Alfredo
Thomson, de la Fundación Favaloro, explica que “el cerebro es un
órgano complejo con múltiples circuitos neuronales (celulares),
entre ellos el de la ‘recompensa’, que está implicado entre otra
cosas, en las adicciones. Hasta el día de hoy no conocemos
integralmente el funcionamiento de nuestro cerebro. Esto es diferente
a que una persona vaya a un profesional a pedir ayuda. Es el
profesional quien debe decidir, de acuerdo a su conocimiento y
experiencia, si la persona requiere tratamiento farmacológico,
psicoterapéutico o ambos. Los psicofármacos han sido desarrollados
en estudios controlados, aleatorizados y sometidos a su aprobación
por las autoridades regulatorias de Estados Unidos, Europa y Japón.
Y ANMAT adscribe a la aprobación de estas agencias”.
Según explica Cetkovich Bakmas, “el
cerebro tiene un director de orquesta que es el lóbulo frontal, cuya
principal función es permitirnos tomar decisiones en un contexto
cambiante. Esto implica la activación de circuitos de alarma que, en
una verdadera catarata de eventos, terminan activando los
dispositivos del estrés, el síndrome general de adaptación. El
cerebro busca ayuda para procesar aquellas situaciones que lo superan
en su capacidad de asimilar agresiones y frustraciones”.
La automedicación no sólo hace
referencia a los medicamentos bajo receta. El Magnus G –conocido
popularmente como viagra femenino– es un suplemento dietario de
venta libre y sin embargo no debería tomarlo cualquier mujer. Lo
mismo ocurre con el Viagra (sildenafil) cuya venta está indicada
bajo receta pero en la práctica cualquiera puede acceder a la
píldora sin consentimiento médico.
Verónica Barrera, especialista en
recuperación de piso pelviano relacionado con los temas del deseo y
sexualidad, dice: “Magnus G ayuda en la vida moderna, donde la
mujer tiene que ocuparse del trabajo y la casa y muchas veces no
tiene energía para potenciar su deseo sexual. Si bien es de venta
libre, eso no significa que haya que comprarlo compulsivamente sin
consultar a un especialista. Tiene ginseng, ginkgo, vitamina C,
vitamina E, arándanos y L-Arginina. Un hipertenso que no está
medicado no debería tomar ginseng ni ginkgo, porque aumentaría su
tensión arterial. Nadie debiera tomar remedios sin consultar a un
médico. Nada es inocuo, ni siquiera el té de yuyos. Que un
suplemento dietario sea de venta libre no quiere decir que carezca de
efectos adversos”.
Los problemas sexuales muchas veces
se resuelven con terapia –individual o de pareja–, pero
involucrarse en un tratamiento psicológico requiere tiempo, los
resultados nunca son inmediatos y no todos quieren esperar a que la
solución decante. Respecto del viagra, Barrera dice que “hay
muchas patologías incompatibles con el sildenafil y si un médico no
lo receta la persona puede pasar un mal momento. Además, genera
dependencia física. El órgano sexual está directamente relacionado
con el cerebro. La gente vive estresada, quizá por eso se observa
cada vez más que los jóvenes recurren al Viagra. En el hospital lo
piden los residentes, es una locura”. Las cifras hablan por sí
solas: en agosto de 2001 se vendieron 50 mil comprimidos de Magnus,
el sildenafil que comercializa el laboratorio Sidus, y sólo en
agosto de 2014 las ventas alcanzaron el millón de unidades, un
aumento del 1.900 por ciento.
En las últimas semanas los
programas de chimentos hablaron de otro suplemento sexual: un parche
que se hizo colocar la capocómica Carmen Barbieri y que,
teóricamente, enciende el deseo. Ella lo llama el “chip de las
ganas” y afirma que renovó su pareja: “Te ponen en la cadera
algo del tamaño de un grano de arroz que larga testosterona. Eso te
ayuda a adelgazar, a que crezca el pelo, a que te cambie el humor, te
lubrica la piel y te aumenta el deseo”. La terapia hormonal para
subir la libido todavía no llegó al país pero los especialistas
dicen que es cuestión de tiempo.
Dentro de los suplementos dietarios
los adelgazantes son los más populares. La idea de que las píldoras
para bajar de peso son inofensivas y milagrosas se instaló en la
sociedad apadrinada por publicidades en televisión y radio. Mónica
Katz, médica especialista en nutrición, dice: “La gente busca la
magia, la rapidez y la promesa de éxito. Sin embargo estamos frente
a una situación inédita: para una patología crónica epidémica
como es la obesidad, contamos en el país sólo con un fármaco
aprobado para uso crónico. Esto implica una paradoja brutal”.
El medicamento al que hace
referencia Katz es el Orlistat, que inhibe la absorción del 30 por
ciento de la grasa ingerida. El uso de este remedio para perder peso
“es recomendable sólo cuando el paciente tiene un índice de masa
corporal mayor a 30”. El resto de complementos dietarios “sólo
se pueden utilizar por doce semanas y el punto es qué hacemos luego
si la obesidad no se resuelve en tres meses. Existe consenso mundial
de que los complementos dietarios sólo deben usarse en el marco de
cambios en el estilo de vida: alimentación, actividad física y
manejo de emociones. Los fármacos deben ser manejados por
especialistas pues pueden generar efectos adversos sobre todo
cardiovasculares y emocionales. En manos expertas pueden ser muy
útiles”. Katz concluye diciendo que “dado que no existe un
fármaco ideal para tratar la obesidad que sea seguro, eficaz y se
pueda utilizar a largo plazo, lo esencial son los cambios en el
estilo de vida”.
Como dice la nutricionista, mucho
más efectivo e inocuo que automedicarse con psicofármacos es
cambiar de hábitos. La venta de remedios para personas sanas es una
realidad y es la industria farmacéutica, junto a los avatares
diarios, la que nos convierte en pacientes.
Números de consumo y venta
200 aspirinetas anuales consumen
los mayores de 30 años según un relevamiento del Observatorio de la
Confederación Farmacéutica Argentina.
55063 cajas más de
antidepresivos se vendieron en julio de 2014 respecto del promedio
mensual del último año.
1900 por ciento aumentó la venta
de Magnus –un estimulante sexual– en los últimos trece años.
62 por ciento aumentó la venta
de psicoestimulantes entre 2004 y 2010.
Qué y para qué
Antiepilépticos (clonazepam, carbamazepina): tradicionalmente se
usan para prevenir o interrumpir las convulsiones o ataques
epilépticos pero también para atacar los trastornos bipolares, dado
que actúan como estimuladores del humor.
Antipsicóticos (haloperidol,
bromperidol): se usan para combatir la psicosis, ya que entre otras
cosas colaboran en la desaparición de alucinaciones. Los
antipsicóticos bloquean los receptores de la dopamina en el cerebro.
Hipnóticos, sedantes y
tranquilizantes (flunitrazepam, midazolam, lorazepam, bromazepam,
diazepam): deprimen el sistema nervioso y se utilizan frecuentemente
para combatir la ansiedad, evitar la depresión, para relajarse o
dormir. Generan dependencia y su abuso puede causar la muerte.
Antidepresivos y equilibrantes (amitriptilina, citalopram,
fluoxetina, sertralina): se indican para tratar los trastornos
depresivos más graves, aunque en dosis muy pequeñas también se
recetan para tratar el insomnio y el dolor neuropático. Algunos
efectos adversos son: sueño, dolor de estómago, de cabeza,
debilidad corporal e hiperactividad.
Psicoestimulantes (metilfenidato,
modafinilo): aumentan los niveles de actividad motriz y cognitiva;
refuerzan el estado de alerta y la atención.